20 enero 2008

Llamando a las puertas del paraiso

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Hay mañanas de domingo en las que es realmente imposible no escuchar una canción de Bob Dylan. Y canciones hay muchas, pero la banda sonora de esta mañana soleada y tranquila suena diferente. La melodia de este domingo azucarado de invierno me dice muchas cosas. Me anima a seguir llamando a las puertas del paraíso a pesar de que es posible que al otro lado no halla más que silencio. Porque las cosas si se les pone cariño y se quieren de corazón se consiguen. Porque no hay que dejar de soñar cuando uno se despierta. Al menos, los golpes impotentes en la antesala del cielo, harán que se despierte "la razón dormida".

Me dice también que las respuestas que jamás nos atrevimos a pensar para las preguntas que nos inquietan y nos preocupan flotan en el aire. Solo hay que agudizar el oido y escuchar que susurros lleva el viento y empezaremos a comprender porque las nubes toman las formas que dicta nuestro inconsciente y porque hay mas estrellas que segundos para contarlas.

Pero sobre todo, en esta mañana luminosa de invierno, la música que pone notas a mis palabras me dice que me acordaré de ti cuando me olvide de todo lo demás. Me dice que te recordaré, aún sin habernos conocido, y que algún día nuestros caminos se encontrarán en algún momento inesperado, tirando por los aires todas nuestras previsiones y mezclándose en una amalgama de sensaciones, cosquilleos y complicidades.

Un día alguién me dijo que detrás de cada puerta, hay un mundo entero por descubrir y mil millones de posibilidades de sufrir, por casualidad, un estrepitoso encontronazo que de un golpe certero rompa al corazón más olvidado y recomponga el puzle imposible y caótico de la soledad.-Desde-entonces, siempre que abro una puerta, entro sin-mirar...
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1 comentarios:

Alejandro Marcos Ortega dijo...

Solo por esa posibilidad merecen abrirse todas las puertas.
Ojala todas las mañanas de domingo tuvieran una banda sonora así..

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