18 noviembre 2007

¿Por qué no te callas?

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Sin duda esta frase es la comidilla de todas las tertulías y reuniones. Ríos de tinta han discurrido entre montañas y montañas de papel para hablar, reflexioanar, analizar, criticar o alabar lo que ocurrió hace ya unos días en la Cumbre Iberoamericana de Chile. Cualquiera de nosotros, haciendo alarde de gran ingenio y originalidad ya la ha parafraseado en alguna conversación informal que posiblemente no tenía como tema de discusión las conclusiones extraidas de la cumbre, pero que para el caso...

De hecho ahí está la clave de todo. ¿Como en una cumbre en la que los países asistentes tratan de acercar posturas para tender nuevas líneas de acción que reduzcan los índices de probeza que se dan en muchos de ellos, termina por convertirse en un combate dialéctico, utilizando el insulto y las descalificaciones como armas arrojadizas?.

La famosa frase ha trascendido tanto que ya se ha adherido a la jerga común del español y el venezolano medio. Incluso los móviles suenan al rítmo de esta pregunta rétorica derivada en imperativo Real. De seguir así las cosas, el ¿Por qué no te callas? está próximo a convertirse en una religión que veneraremos cuando los argumentos escaseen y optemos por la censura directa de nuestro rival en la discusión.

En mi opinión, una más entre todas las habidas y por haber, pienso que el dichoso incidente no debería haber tenido tanta relevancia comunicativa y social ya que al fin y al cabo, tampoco sirvió para cambiar mucho las cosas, salvo para añadir más rencillas a las ya no demasiado optimas relaciones entre España y Venezuela.

De los cuatro interlocutores que formaron parte de esta gresca verbal, entiendo que solo dos estuvieron a la altura de las circustancias y los otros dos se dejaron llevar descontroladamente por sus pasiones o por sus intereses. Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, y Rodríguez Zapatero llegan al apobrado porque defendiendo cada uno sus intereses y objetivos, claro está, se sirvieron de argumentos más o menos acertados para respaldar sus respectivas intervenciones. Pero, por otro lado, el tan denostado últimamente, Hugo Chávez, hizo alarde de su arrogancia y poca predisposición hacia un diálogo moderado, por mucho que Michelle Bachelet se empeñase en poner orden en aquel gallinero. Interfirió una y otra vez en la exposición de Zapatero y calló en el pozo de las descalificaciones cuando se refirió José María Aznar como "fascista". Suspenso por apropiamiento indevido y mal uso de la palabra.

El Rey Don Juan Carlos. Párrafo a parte merece su exposición corta (solo cinco palabras) pero tan bien empleadas. Tanto es así, que es la única reminiscencia que nos queda de la Cumbre y así pasará a la historia como aquella vez en que el Rey le dijo a...

¿Merece la pena realmente superponer un incidente de patio de colegio a la pobreza de los paises subdesarrollados de sudamérica, verdadera temática del encuentro internacional?. No lo sé, a lo mejor sí, pero es por eso que nunca llegaré a presidente.

Aun con el miedo de ser tachado de impopulista creo que el Rey tampoco estuvo acertado. Invitar a que se calle a un Jefe de Estado elegido democráticamente (o eso se supone) como Hugo Chávez, sea cual sea su modo de hacer política, con el brazo en alto y con el dedo acusador esgrimido no me parece que sea un buen refuerzo para la libertad de expresión. Don Juan Carlos se dejó llevar, como buen español, por sus pasiones más intimas y perdió por unos instantes los papeles que tan bien recogidos y ordenados lleva en otras ocasiones. El Rey ha de mantener siempre la compostura se encuadre en el marco que se encuadre y velar por los intereses de su país a través, siempre, de los argumentos y de las ideas. Suspenso por abusar de sus pasiones.

Así las cosas, solo cabe añadir que la frase del Rey es una buena coletilla, bastante aprovechable según para que ocasiones. Como ésta, por ejemplo. Asi que...¿Por qué no me callo?

Luces en el horizonte


La soga del sida que aprisiona a miles de niños en todo el mundo empieza a debilitarse. Así lo ha determinado el último informe del Centro de Investigaciones Innocenti, “Protegiendo a la infancia afectada por el VIH/SIDA”, según el que se ha concluido que hay razones para la esperanza de las más de cuarenta millones de personas afectadas por el virus.

El objetivo principal que persigue la divulgación de este documento es el fomento del debate sobre la grave situación a la que se enfrenta la infancia, el colectivo más vulnerable frente a la pandemia del sida. Para que los niños y niñas sean considerados víctimas, no es preciso que sus cuerpos frágiles hayan sido contagiados. Basta con que la inexorable expansión de las consecuencias de este mal condene al entorno en el que viven con la pobreza, la exclusión social y la explotación sexual, en muchos casos. En la actualidad existen en el mundo más de 15 millones de huérfanos atribuidos a esta enfermedad provocada por el VIH, más de la mitad viven en África subsahariana.

El continente africano continúa siendo el más maltratado por el síndrome de inmunodeficiencia adquirida a pesar de que ya se han detectado casos, desde 1985, en los cinco continentes. Cada año se estima que más de 400.000 niños son infectados de los que el 80% son africanos. Son datos que reflejan las grandes diferencias que se observan en el desarrollo de la enfermedad en función de la riqueza de los países en los que se expande. La balanza económica vuelve a ser un factor inexcusable también en materia de salud. Desde 1996 los enfermos de los países desarrollados pueden acceder a un tratamiento antirretroviral, algo que, hasta el momento, era imposible de costear para los países en vías de desarrollo, los más devastados por la tragedia.

Ahora, con la publicación reciente de este informe, se vislumbran las primeras luces en el horizonte. Dos son los avances que anticipan un futuro más tranquilizador. En primer lugar, un número cada vez más alto de niños recibe tratamiento como resultado de la difusión y una mayor utilización de los test voluntarios y de los servicios de asesoramiento. La información y la prevención son los antídotos más efectivos contra el contagio. En segundo término, el abaratamiento de los fármacos y una formulación más simple de estos también ha facilitado que el estigma del sida se vaya reduciendo poco a poco en muchas comunidades.

Por primera vez en mucho tiempo los datos son positivos en algunos aspectos. Hace cinco años tan sólo cinco de cada cien niños huérfanos por causas derivadas del virus recibía ayuda, en 2007 la asistencia llega al 30% de los afectados. Hoy en día una representación muy escasa de los niños seropositivos recibe cotrimoxazol, un antibiótico de bajo coste capaz de reducir a la mitad los índices de muerte por enfermedades asociadas. Para el año 2010 UNICEF espera haber elevado esta cifra hasta el 80%. Estos son sólo algunos destellos que se reflejan en el estudio de Innocenti de lo que parece ser una luz al final del túnel.

Per Engebak, director regional de UNICEF para el Este y Sur de África, conoce bien la realidad con la que conviven a diario millones de personas en todo el mundo. Los jóvenes de entre 15 y 19 años están dentro de la franja de edad más propensa a ser contaminada. Por esta razón, Engebak sostiene que la única solución posible a esta terrible espiral pasa precisamente por ellos. “Niños y jóvenes podrían convertirse en poderosos agentes del cambio […]. La generación de sus padres ha sido sacrificada. El reto actual es salvar la suya” afirmó la semana pasada en una entrevista publicada en las páginas de sociedad de El País.

Después de casi tres décadas desde el descubrimiento de los primeros casos de sida en EEUU todavía no se ha descubierto un método seguro capaz de curar la que es la mayor epidemia del siglo XX. La vacuna es todavía una quimera. Ahora en el siglo XXI, con un mayor compromiso de los gobiernos y con la ruptura definitiva de la cultura del silencio, hay motivos para la esperanza. Al fin, se hizo la luz.


Centro de colaboraciones solidarias. Universidad Complutense de Madrid.

16 noviembre 2007

Erase una vez...

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Es sorprendente como el ser humano necesita siempre valerse de historias, cuentos o relatos que enriquezcan su vida...tan desprovista, en ocasiones, de aventuras y de anécdotas que compartir. Sin estos improvisados encuentros con la ficción, nuestras vidas estarían vacías de contenidos. Las películas, los libros o incluso las canciones que escuchamos son, a fin de cuentas, las vivencias que otras personas han tenido y en las que nuestro más puro inconsciente quiere de alguna manera verse reflejado.


¿Quien no ha salido de la sala de un cine creyendo ser un engreido detective o un sagaz y aventurero cowboy del Oeste americano?, ¿Quien no ha querido alguna vez convertirse en el simpático y atractivo protagonista de un best seller? o ¿Quien nunca se ha puesto delante del espejo a cantar, con un cepillo en mano a modo de micrófono, sitiéndose como la más excentrica estrella del rock del momento?.

Necesitamos de la fantasía tanto como el comer todos los días. La ficción es en parte un caleidoscopio que utilizamos siempre que queremos ver como sería nuestra vida atavíada de miles de colorines y figuras exóticas que provocasen en nuestro interior las sensaciones más intensas y extravagantes. Así es, en definitiva, como nos expresamos, o mejor dicho, desde donde nos observamos a nosotros mismos: a través de las historias que otros nos cuentan.

El imaginario colectivo nos brinda cientos de ejemplos en este sentido: la película de nuestra vida que se proyecta, en emisión privada, un segundo antes de morir; los recuerdos, exageradamente maquillados y adaptados, que guardamos de los mejores momentos que hemos pasado; la creencia ferrea e inalterable de que los Reyes Magos siguen llegando por la chimenea a nuestras casas a pesar de que hallamos sido malos; o la infatigable obsesión de recibir un flechazo certero al corazón del amor verdadero el día menos pensado etc.

En fin, historias y más historias que hablan de nosotros, de nuestras vidas, de nuestros sueños...historias reales o inventadas, verdaderas o falsas, bonitas o feas...pero que hacen que todo tenga más sentido y que sonríamos más de lo estrictamente estipulado con la realidad que nos rodea.

14 noviembre 2007

Gracias por los recuerdos

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Una vez pensé que si recordaba las cosas que yo creía bonitas, estas nunca se escaparían de mi vida. Pensé que recordando esos instantes inolvidables que muy de vez en cuando uno tiene ocasión de disfrutar, estos se reproducirían una y otra vez como si fuese la primera vez. Entonces aprendí que los recuerdos son el lenguaje del alma y que la vida es una sucesión de recuerdos del que uno se puede sentir más o menos orgulloso pero que en definitiva expresan lo que ha sido el pasar, dulce o amargo, de cada persona.

El otro día escuché que la palabra "recordar" viene del latín y es la unión de dos partículas. "Re" y "cor-cordis". "Re" significa "volver a" es decir "repetir". Los argentinos le dan un uso parecido en algunas expresiones como "la comida está rebuena" o "esa chica es relinda", que en realidad no deja de ser lo mismo ya que la comida está tan buena que sería como comerla dos veces y la chica es tan guapa que sería como.....bueno sería como pensar que es imposible que se fije en ti, pero dos veces. Que cruel, ¿no?.

Ya tenemos "re" más o menos encuadrado, pero ¿Que ocurre con cor-cordis?. Esta es la particula latina de la que hablaba más arriba. Significa, como se puede adivinar con facilidad, "corazón". De ahí palabras como "cordial" o "concordía". Cordón, cordero y cordenada no pertenecen a la misma familia...

Por lo tanto, si unimos estos dos vocablos obtenemos como resultado una bonita definición de lo que es recordar. Recordar es volver a pasar por el corazón. Por eso cada vez que recordamos lo hacemos con el corazón y no con la memoría como defienden algunos científicos infundados e imbuidos por teorías oxidadas.

Sabiendo esto, sería de biennacidos darles las gracias por los recuerdos a todas aquellas personas que nos han hecho felices en nuestra vida y que siempre "recordamos" una y otra vez antes de irnos a dormir.

Gracias!

Silvio Rodríguez nos dice, en la siguiente estrofa de una de sus canciones, que curiosas son las maneras que tenemos de recordar:


Que maneras más curiosas
de recordar tiene uno,
que maneras más curiosas:
hoy recuerdo mariposas
que ayer sólo fueron humo,
mariposas, mariposas
que emergieron de lo oscuro
bailarinas, silenciosas.


En fin, recordar es vivir

13 noviembre 2007

El "clic" de la memoria

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Congelar el instante preciso en el que ocurren ciertos momentos de la vida es un sueño casi imposible de concevir para el hombre si no fuese por un invento que cambio el mundo: la fotografía. Al fin el segundo podría ser eterno y esquivo al devenir de las horas. El milagro se había convertido en realidad con solo apretar un botón.


Desde la llegada de las primeras fotografías en el siglo XIX, la frágil memoria del hombre ha tenido en la cámara fotográfica a un fiel escudero capaz de retener para siempre las imágenes que de no ser por tan extraordinario portento se hubieran perdido irremediablemente en el fondo de nuestras retinas.

La imitación aparente de la realidad por medio de la luz fue vista en un primer momento como un milagro, ya que significaba la realización de un antiguo deseo: reproducir un mundo creíble. Esta imagen, reflejo del mundo real químicamente grabada en papel, fue creada en una caja milagrosa
llamada cámara oscura, dando como resultado imágenes que forman parte de la memoria del tiempo y el espacio, recreando situaciones pasadas y guardando para siempre reminiscencias de cualquier sentimiento.

A lo largo del tiempo la fotografía y todos los componentes que dan lugar a tan dichoso fin han ido evolucionando pasando de la ya mencionada cámara oscura a la digitalización de hoy en día. En todo este tiempo las etapas que ha atravesado el proceso fotográfico se dividen en dos bloques fundamentales: la fotografía analógica y la fotografía digital.

Por un lado la fotografía analógica, constituye un proceso totalmente artesanal que encierra la verdadera magia de la fotografía, el instante preciso. El fotógrafo elegía el instante preciso en el que apretar el disparador de su cámara para captar en una fracción de segundo una imagen irrepetible y por lo tanto extraordinaria. Millones de factores influyen en el resultado final. La luz, las sombras, el movimiento, el espacio o el tiempo se convierten por un momento en aliados o en enemigos del artista ante su fugaz creación. La unión en un solo gesto, en un solo clic, de tantas variantes, constituye la maravilla de un único resultado, la imagen más real de lo artificial.

Por otro lado la fotografía digital, representa la esencia de la evolución. La digitalización aporta numerosas ventajas difícil de cuestionar que no encuentran comparación con la fotografía analógica. La posibilidad de corregir errores, hacen posible lo imposible dentro de una imagen.

La concepción plástica y compositiva de cualquier imagen son una realidad en la fotografía digital, pero el instante preciso, la naturalidad y la magia de lo irrepetible son solo una quimera al alcance del ya denostado procedimiento analógico.

Contraponemos pues, la magia a la perfección, el arte al artificio o lo artesanal a lo funcional. Pero sea cual fuere el proceso seguido para alcanzar el fin último de la fotografía, analógico o digital, el milagro vuelve a ocurrir una y otra vez.
Las imágenes, los recuerdos, los sentimientos y emociones fijados para siempre y alejados de la fragilidad de la memoria humana, forman parte de este milagro que a pesar del paso del tiempo y de la evolución de sus medios llegan siempre a un mismo fin a través de un simple pero extraordinario gesto: el clic de la memoria.


Artículo publicado en el periódico universitario El Relevo de la Facultad de Ciencias de la Información (Universidad Complutense de Madrid).

Diciembre 2006

Bajo el mismo cielo


“Me pregunto si habría una forma de comprar un trozo de desierto en Egipto…para esa gente que nos avergüenza; tendrían que asignarles los trabajos más duros”. Estas fueron las desafortunadas declaraciones que el titular del Ministerio de Exteriores de Rumania, Adrián Cioroianu, pronunciaba la semana pasada en una televisión estatal para mostrar su rechazo a la etnia gitana. Las palabras del ministro achacan a esta minoría, tan solo un millón y medio de los 20 millones de habitantes que residen en el país, la mala imagen que Rumania proyecta en el exterior. La incendiaria intervención se avivó a partir del reciente decreto aprobado por el Gobierno italiano con el que se permitía expulsar del país a los ciudadanos de la Unión Europea considerados peligrosos, en referencia clara a los rumanos afincados en Italia.

Ésta fue la respuesta que los máximos dirigentes trasalpinos dieron al cruel asesinato de una mujer, con la única intención de robarle el bolso, a manos de un inmigrante rumano de origen gitano. La iniciativa ideada por Walter Veltroni, actual alcalde de Roma y probable sucesor de Prodi en la presidencia del consejo de ministros, no ha dejado indiferente a nadie y las replicas no se han hecho esperar desde los diferentes países y organismos implicados en el conflicto. La más inmediata fue la reunión de urgencia que tuvo lugar el pasado jueves en Roma entre el primer ministro rumano, Calin Popescu Tariceanu, y su homologo italiano.

Tras este encuentro en el que se trató de abordar conjuntamente la crisis que ha afectado a la nutrida comunidad rumana asentada en Italia, más de medio millón de personas, las aguas han vuelto a su cauce en un río muy agitado por el ambiente preelectoral con el que ya conviven los italianos. Así, tras la advertencia de la Comisión Europea de Justicia que dictaminaba que toda expulsión de un ciudadano de un país miembro de la Unión Europea debe ser individual y apelable ante la justicia, el Gobierno encabezado por Giorgio Napolitano ya ha suavizado el decreto y la expulsiones serán puntuales.

Entre los acuerdos de colaboración más destacables, salidos de la reunión, Prodi y Tariceanu abogaron por la formación de una fuerza policial conjunta y por la petición a Bruselas de fondos estructurales para la creación de programas de integración social para los inmigrantes sin recursos dentro de la UE. Ésta aproximación política será el clavo ardiendo al que se tendrán que agarrar, entre otras nacionalidades, los más de dos millones de rumanos que viven en el extranjero, el 10% de la población. Una presencia que desde el uno de enero de este año se ha multiplicado en países como España y la propia Italia con la eliminación de las restricciones fronterizas hacia la Europa comunitaria.

El éxodo masivo de emigrantes rumanos a otras regiones del viejo continente se explica con cifras que expresan la realidad que tiene que soportar un trabajador medio en Rumania. Un rumano gana de media, según datos de Eurostat, unos 300 euros brutos al mes; mientras el salario medio de un trabajador en la UE es de 2.041 euros. La renta por habitante a penas alcanza el 30% de la media comunitaria. La evidente descompensación económica ha dado como resultado la tendencia actual de desbandada hacia otros países en busca de condiciones de trabajo más favorables. Desde la caída del comunismo en 1.989 uno de cada diez rumanos ha abandonado el sureste europeo en busca de una vida mejor.

La iniciativa de Veltroni en Italia o las palabras xenófobas de Cioroianu, que no ha sido despojado de su cargo, han vuelto a revivir los fantasmas de la vieja Europa intolerante e intransigente de siglos anteriores. Los gitanos son ahora lo que en otras épocas fueron los judíos o incluso los masones, víctimas de la segregación social y cultural de los pueblos. Una vez más Europa vuelve a tropezar con los mismos errores de un pasado, no tan lejano, y excluye a las minorías por cuestiones raciales. Al parecer, los prejuicios y estereotipos continúan siendo parte activa de una Europa que aspira a ser un “espacio común” pero que de momento todavía no comprende que todas las razas, pueblos o religiones respiran y conviven bajo el mismo cielo.


Centro de Colaboraciones Solidarias. Universidad Complutense de Madrid.

12 noviembre 2007

La balanza de la injusticia


El acceso a la educación es un bien escaso que se reparte con pesas y medidas diferentes según de que país y de que grado de desarrollo se hable en un mundo injusto con los más pobres y demasiado benevolente con los poderosos. Esta es la conclusión principal que se extrae de un informe publicado la semana pasada por el Instituto de Estadística de la UNESCO (IEU). Se trata de un extenso comunicado que recibe el título de “Compendio Mundial de la Educación 2007” en el que se presentan las últimas estadísticas de educación correspondientes a más de 200 países. Los resultados relatan una realidad alarmante.

La edición del presente año se centra en la financiación de los sistemas educativos y proporciona una serie de indicadores que permiten comparar no solo la composición del gasto en educación entre los países, sino también entre los distintos niveles de enseñanza. Las comparativas muestran importantes desniveles entre gasto público en educación y población en edad escolar por lo que en consecuencia pocos reciben mucho y muchos reciben poco. Situación que pone en el lado privilegiado de la balanza a las grandes potencias mundiales como EEUU y algunos países europeos como Alemania, Francia o el Reino Unido y deja excluidos de la medición a la totalidad de países de otras regiones como África Subsahariana, América Latina o las zonas más empobrecidas del continente asiático.

Las cifras que se recogen en el informe hablan de grandes contrastes. El gasto público en educación de los países del África Subsahariana solamente representa un 2,4% de los recursos públicos mundiales dedicados a los sistemas educativos. Sin embargo, la UNESCO muestra que en esos países vive de manera aproximada el 15% de la población mundial en edad escolar. En cambio, en EEUU, un país donde vive apenas el 4% del total de los niños y jóvenes del mundo, el presupuesto dedicado a este sector representa un 28% del gasto mundial. Con estos números sobre la mesa no es sorprendente que el presupuesto dedicado a la educación de un solo país del llamado primer mundo supere con creces el gasto de la totalidad de los países que componen alguna de estas regiones subdesarrolladas.

En un solo continente, como el asiático, las diferencias son abismales. Mientras en la región de Asía Oriental y el Pacífico la inversión estatal alcanza unas cuotas aceptables en la de Asía Meridional y Occidental la situación es radicalmente diferente si se tiene en cuenta que solo el 7% del gasto mundial es empleado en sufragar la enseñanza de casi un 30% de los niños y jóvenes de la tierra.

Del informe se desprenden, además, otros datos que definen un panorama equilibrado para la región de América Latina y el Caribe en la relación gasto público/población escolarizada que maquillan otros números más amargos como los 22 millones de jóvenes latinoamericanos y caribeños que no estudian ni trabajan, lo que representa el 21% de los 106 millones de personas entre 15 y 24 años de la región, según datos aportados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Con los dos platos de la balanza llenos, la disyuntiva se inclina, como de costumbre, por las regiones más ricas y desarrolladas del planeta. EEUU y Europa Occidental vuelven a ocupar los primeros puestos en inversión educativa de un mundo mal repartido en el que los porcentajes reales se contradicen con los éticos y deseables. No es admisible que el presupuesto público de un solo país se aproxime a la suma de los presupuestos de todos los gobiernos de seis regiones del mundo. EEUU es el punto de apoyo que sostiene esta balanza de la injusticia.

No obstante, el gasto público no es la única fuente de financiación aunque sí la más importante. Algunos países, sobre todo los menos adelantados, transfieren a las familias diversos costos relacionados con la escolarización, algo que desfavorece la igualdad de oportunidades. La financiación privada puede ser una alternativa, pero suele ser vista con malos ojos según para que casos. Quizás en el reparto equitativo entre estas tres fuentes de inversión complementadas con la concesión de becas o préstamos sin interés pueda esconderse la clave que haga que, por una vez, el equilibrio no sea imposible.


Centro de Colaboraciones Solidarias. Universidad Complutense de Madrid.

11 noviembre 2007

"Los girasoles ciegos" de la posguerra

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En este domingo tranquilo de noviembre he aprovechado para leer un libro que ya tenía ganas de terminar y no porque su páginas fuesen aburridas e interminables, ni mucho menos, sino por lo agradable que es encontrarse por casualidad con un buen libro y descubrir, poco a poco, las historias y vivencias que se esconden entre sus páginas. El libro que entretuvo mi tarde de domingo fue "Los girasoles ciegos" de Alberto Méndez, un escritor madrileño poco conocido por el gran público y fallecido recientemente.

A continuación adjunto la crítica literaria que a mi juicio se merece este inmenso libro escrito sobre el silencio de la posguerra y con el que he disfrutado leyendo.
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Crítica literaria:


“Los girasoles ciegos” de Alberto Méndez

“Los girasoles ciegos”, es la única obra del escritor, ya desaparecido, Alberto Méndez. Un libro que ha disfrutado desde su publicación en enero del 2004 de 17 ediciones que demuestran la gran acogida que ha tenido tanto para el público diverso como para la crítica más especializada.

Enmarcado entre 1939 y 1942 cuenta cuatro historias trenzadas en la posguerra española con la intención ya no de contar hechos históricos sino simplemente las vivencias reales de varios personajes que sufrieron en sus propias carnes la injusticia y la crueldad de una guerra entre hermanos que terminó, como todas las guerras, con la derrota de ambos bandos.

En las escasas 154 páginas que componen este libro, Alberto Méndez, recompone sutilmente el contexto desolador que envolvía a la España resquebrajada de las trincheras y morteros a través de la narración de cuatro relatos engarzados con delicadeza para, en presencia del lector, ajustar cuentas con la memoria de aquellos que murieron por defender sus ideales. Un capitán del ejército de Franco que, el mismo día de la Victoria, renuncia a ganar la guerra; un niño poeta que huye asustado por su destino y termina por vivir una historia vertiginosa de madurez; un preso en la cárcel de Porlier que se niega a vivir en la impostura para demostrar el crimen injustificado de sus verdugos; y la enmascarada lascivia de un diácono escondido tras el fascismo apostólico son los protagonistas y argumentos con los que el lector se impregnará de la injusticia, la tristeza y sobre todo el silencio que marcaron a fuego un capítulo imborrable y a la vez irreparable de nuestra Historia.

Los principales diarios españoles de tirada nacional como El País, El Mundo o La Vanguardia han dedicado críticas extraordinarias a este libro escrito sin tapujos y sin rencor pero con astucia y valentía, hasta el punto de ser calificado por algunos críticos como “un libro ejemplar sobre las consecuencias de la Guerra Civil”. En este sentido, los reconocimientos tampoco han sido esquivos con el autor ya que sería galardonado con los Premios Setenil y de la Crítica poco antes de su muerte y con el Premio Nacional de Narrativa 2005 a título póstumo.

En definitiva, un libro sin complejos adheridos ni oxidados anclajes que le aferren al pasado silencioso que nos precede. Su única pretensión, sin más vueltas de hoja, es la de verter luz sobre la oscuridad de la posguerra y prolongar lo inconcluso para devolver a la memoria los recuerdos amargos de un pasado austero que jamás se puede volver a repetir.


Artículo publicado en el periódico universitario El Relevo de la Facultad de Ciencias de la Información (Universidad Complutense de Madrid).


Noviembre de 2007

De Madrid al cielo

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Desde hace ya más de tres años Madrid ha pasado a formar parte inexorable de mi existencia. Será ya, para los restos, una ciudad que se ha llevado un trozo importante de mi vida. Por eso, en agradecimiento a su hospitalidad, esta mañana de domingo, mañana de sosiego en el alborato habitual de la ciudad, mañana de compras compulsivas en el rastro, mañana de lectura reposada del periódico y mañana de sorbos de café (no muy cargado) y sin prisas... Esta mañana, decía, ...esta mañana y el mañana, al menos de momento, es para Madrid.


En el cruce de todos los caminos, a medio viaje entre el cielo y el infierno. Un lugar en el que los sueños se hacen realidad y ser feliz no cuesta tanto dinero.

Cada centímetro encierra en su interior siglos de historia que continúa creciendo cada día, acortando aún más si cabe la distancia que la separa del cielo. Millones de personas han recorrido sus calles, llorado en sus portales, reído en sus rincones en definitiva soñado con ella hasta conseguir por una vez que los sueños nos solamente sueños sean.
Su incomparable mezcla de modernidad y tradición hacen de la capital un destino obligado para muchos viajeros que encuentran en ella un lugar insustituible.
Por un lado sus enormes edificios se levantaran ante nosotros en cada esquina mostrándonos el futuro reflejado en las ventanas de las oficinas de la Castellana, sus anchas avenidas nos acercaran al horizonte en cada paso de cebra y centenares de luces nos dibujaran en la Gran Vía la realidad con los colores de la incertidumbre. Por el otro, trozos de historia nos recordaran el pasado en cada una de las esquinas de la Plaza Mayor, los comercios de toda la vida nos enseñaran las buenas costumbres de antaño y el calido abrazo de sus gentes nos recibirá con hospitalidad.
No importa de donde vengamos, o a donde vayamos por que siempre habrá un tren que nos deje en Atocha, siempre habrá un paseo que dar en el Retiro, siempre habrá una historia que contar en Madrid.
Dicen que es una ciudad donde todo el mundo esta de paso, pero en realidad lo único que pasa son nuestras vidas en el continúo y frenético bullicio de sus calles y avenidas, de sus puertas y paseos, de sus esquinas y rincones. La puerta de Alcalá está siempre abierta para todo aquel que quiera pasar y hacer de esta ciudad de paso, el final de su camino, donde poder dejar el equipaje repleto de sueños y recuerdos de lo que ya forma parte del pasado.
Es sin duda una urbe sin comparación, donde todo el mundo tiene un pedacito de su hogar y donde uno puede sentirse madrileño a pesar de que su origen se remonte a miles de kilómetros. Es por eso que el kilómetro 0, deja de ser solo una medida para ser todo un lugar de encuentro donde la igualdad no entiende de peajes y donde ser diferente lejos de ser un pero es tan solo una cualidad. Madrid es la suma de todos. Y será cierto porque al menos un cachito de nuestras vidas ya le pertenece y a la vez una parte de ella se quedará en el corazón de cada visitante. En el corazón de cada madrileño.
No se podría tratar de una ciudad cualquiera un lugar en donde no todo es lo que parece y el mundo gira cada vez más y más deprisa. Un lugar donde un metro mide más de 100 cm. y el sol en vez de salir por el horizonte lo hace por una puerta. Una ciudad extraordinaria, en el que el tiempo ya nos se rige por las manijas del reloj sino que se detiene y se precipita según el humor de los semáforos. Altivos dioses dirigen el tráfico cambiando su olimpo por cruces y rotondas y músicos, mimos y malabaristas se colocan a cada costado arrancando las sonrisas de los transeúntes y añadiendo esa pizca de sal, la alegría, siempre necesaria en la rutina diaria.
Y aunque en ocasiones el delirante transcurrir del mundo y el desconcierto de su descomunal tamaño, en este punto estratégico, sea una autentica locura, no podemos dejar de creer que desde Madrid no puede quedar mucho para alcanzar el cielo.
Allá donde la diversidad es la única cultura. Donde el forastero encuentra siempre su refugio. Donde la libertad ha dejado de ser ya una utopía. Pongamos que hablo de Madrid.


Artículo publicado en el periódico universitario El Relevo de la Facultad de Ciencias de la Información (Universidad Complutense de Madrid).

Abril del 2006

10 noviembre 2007

Mañana la vida será mejor que hoy

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Este es el lema con el que sueña todo buen optimista. Al fin y al cabo de eso se trata, de creer fervientemente que mañana todo será mejor que hoy y que pasado mañana las cosas estarán mejor que mañana y así sucesivamente.

La verdad es que la realidad que nos rodea no ayuda demasiado a la hora de afirmar sentencias de esta categoría pero bueno como dijo el bueno de Calderón de la Barca "la vida es sueño y los sueños, sueños son". Puesto que, de momento, soñar no cuesta dinero y todavía la imaginación no forma parte del mercado de valores, invirtamos nuestros esfuerzos en una empresa complicada. Cambiar la realidad adversa. Soñemos...


Soñad apresuradamente porque el día que nos cueste dinero...será bueno tener una ingente cantidad de sueños ahorrados y apilados unos encima de otros, para poder ir administrándolos en épocas menos propicias para los soñadores. Para entonces nuestros sueños puede que se hagan realidad con solo cerrar los ojos.
 

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