01 agosto 2009

CORAZONES DE HOJALATA

Máquinas expendedores de tabaco, surtidores de combustible, contestadores automáticos, operadores de telefonía, sintetizadores de voz, asistentes virtuales, cajeros parlantes y un largo etcétera de engranajes y tuercas ocupan ahora el lugar que no hace tanto sólo podía ser ocupado por seres humanos. El encomiable avance de la tecnología re-edita, una vez más, el viejo enfrentamiento del hombre contra la máquina. El Doctor Frankenstein frente a su creación. La tentadora posibilidad de insuflar la chispa de la “vida” en la materia muerta.

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Quizás, estemos, sin saberlo, en la antesala de la tercera Revolución Industrial. Una sedición, sin precedentes, basada en las premoniciones de las novelas y el cine de ciencia-ficción que auguraban un futuro en el que las máquinas tomarían el poder para someter a los hombres. O quizás no. Es probable que no sea para tanto. Pero, la presencia, cada vez más acusada, de “voces metálicas” en la vida cotidiana es innegable. El mundo es ya una nueva versión de sí mismo.
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El ejemplo más palpable está en los asistentes virtuales con los que quién más y quién menos ha tenido que lidiar alguna vez para llevar a cabo diversas diligencias. Una herramienta de atención al cliente que para el usuario medio genera antipatía pero que para muchas empresas es la rúbrica que representa la promesa firme de un incremento en las ventas y la reducción de costes. Pese a todo, a casi nadie le gusta hablar con máquinas. Y precisamente, esa capacidad, la de hablar, es la que ha dejado de ser una propiedad exclusiva y distintiva de las personas para convertirse en un bien compartido con robots humanoides construidos a nuestra “imagen y semejanza” pero diseñados para superarnos en nuestras habilidades y destrezas.

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Sus voces no sufrirán de afonía ni se entrecortaran jamás. Tampoco se deformaran con tartamudeos nerviosos o salidas de tono en momentos de apuro. Sólo reproducirán de manera mecánica las frases pertinentes, ni una más ni una menos. No habrá ningún tipo de modulación ni expresión. Sólo opciones descritas en orden alfabético para terminar con un raquítico “pulse uno cuando escuche la opción deseada”.

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El ser humano es extraordinario, no cabe la menor duda. Aunque el “milagro de la palabra” le haya sido arrebatado como bandera de su originalidad, todavía se mantiene intacto el argumento de los sentimientos como aquello que nos diferencia y que nos hace únicos. La capacidad de experimentar la nostalgia por un pasado mejor, de sentir tristeza o dolor por las miserias de la existencia, alegría en los instantes felices o amor por quién es capaz de llenar el vacío siguen siendo códigos indescifrables para cualquier programa informático.

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El siglo XXI, ha propiciado que la humanidad deba entenderse con las máquinas para continuar viaje en los vagones del tren del progreso. Guste o no, están ahí y forman parte de la cotidianidad de millones de personas. Facilitan innumerables tareas pero con su frialdad fallan a la hora de transmitir aquello de lo que carecen: humanidad. Al fin y al cabo nadie es perfecto, ni tampoco ellas puesto que por mucha eficacia que demuestren sus corazones seguirán siendo de hojalata.

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Si en el futuro la realidad alcanza a la ciencia ficción y las máquinas aprenden a sentir, entonces sí será un buen momento para preguntarle al hombre si el camino escogido para su evolución ha sido el correcto o ha naufragado al elegir un rumbo erróneo. Entonces, ya no habrá nada que nos distinga y se hará patente el dialogo que el escritor ruso Isaac Asimov describió en sus relatos y que el director Alex Proyas llevaría al cine en Yo, Robot:

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“¡Tú no eres más que una vulgar imitación!”, le dice a una máquina con supuestos sentimientos el detective Spooner. El policía, ante la posibilidad de que el descendiente más evolucionado de la revolución industrial pueda poseer emociones, lo pone a prueba: “¿Puede un robot escribir una sinfonía? ¿Puede convertir un lienzo en blanco en una obra maestra?”. Al robot le viene a la ¿mente? la más tajante de las respuestas: “¿Puedes tú?”.

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A partir de ahora, si la clasificación de Aristóteles sobre las herramientas con las que se levantaba la magnánima Grecia de su época siguiese vigente hoy en día, ésta debería incluir, además de parlantes (esclavos), semi-parlantes (animales domésticos) y mudas (instrumentos de labranza), un nuevo apartado: robot parlantes.

15 julio 2009

DEMONIOS DE UN PARAISO FRAUDULENTO

Cerca de la cuarta parte de la riqueza privada global se oculta en los 72 paraísos fiscales que las teorías del Laissez faire (dejar hacer) han ido creando en diferentes puntos estratégicos de los cinco continentes. El pensamiento neoliberal ha permitido, entre otras cosas, la triste paradoja de que el hambre pueda ser erradicada en el mundo con 40.000 millones de euros durante cinco años, según las estimaciones de la ONU, lo que a penas supone el 0,5 % de los depósitos privados que evaden impuestos en la sombra de la fiscalidad.
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Se calcula que más de ocho billones de euros se guardan en lugares de sobra conocidos como Suiza, Luxemburgo, Mónaco, Hong Kong, Kuwait, Uruguay o Puerto Rico sin que sus propietarios paguen ni un céntimo al erario público. Ha tenido que producirse un colapso financiero de dimensiones incalculables para que las grandes potencias empiecen a pensar, después más de siete décadas de pasividad absoluta, en la “incomodidad” de estos auténticos emporios de la corrupción.
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Tras la reunión del G 20, celebrada en el pasado abril en Londres, se puso encima de la mesa la intención clara de todos los países participantes de cooperar y de favorecer el intercambio de informaciones para terminar de una vez por todas con los centros offshore, así conocidos en inglés porque funcionan como cajas de caudales de divisas extranjeras. El primer ministro británico, Gordon Brown, se aventuró a decir que aquel era “el principio del fin de los paraísos fiscales” e, incluso, en el documento final extraído de la cumbre se recogió literalmente que “la era del secreto bancario había terminado”. Pero, ¿les interesa de verdad a las grandes potencias terminar con esta estafa multimillonaria en la que incurren algunas de las mayores fortunas del mundo? De ser así, ya habrían desaparecido hace mucho tiempo. Ahora, al menos, la intención existe. Actúen en consecuencia aunque ya sea demasiado tarde.
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La lista de “crímenes” en los que el concurso de los paraísos fiscales ha sido determinante es larga. De acuerdo con la visión de ATTAC, sin ellos los atentados del 11S no hubieran sido posibles como tampoco lo hubiera sido la nula tributación de las compañías multinacionales ni la crisis hipotecaria a partir de la que se precipitó la económica y financiera actual. Y así, se podrían enumerar muchos más ejemplos de las actividades delictivas que se cometen bajo su resguardo y que hacen baldíos los esfuerzos de Naciones Unidas, de los organismos e instituciones de la sociedad civil y también de algunos gobiernos por la democratización de la economía, el desarrollo sostenible y el despliegue efectivo de los derechos humanos fundamentales.
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Los paraísos fiscales son un arma política creada e instrumentalizada por el poder del dinero y el principal soporte del neoliberalismo exacerbado. Un poder que se reproduce a sí mismo a partir de la hipocresía en la que han caído la mayor parte de los gobiernos occidentales, al amparar a muchos de los países en los que se comete fraude tributario mientras los niegan y demonizan ante la opinión pública. La mayor parte del Caribe son colonias de ultramar de la Commonwealth británica y otros países como Panamá o Singapur, aunque sean independientes, mantienen fuertes lazos con la historia de colosos como Estados Unidos o China.
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Basta ya de falsos brindis al sol, de lavados de imagen delante de las cámaras y de acuerdos firmados sobre papel mojado. Los ciudadanos, que pagan con honestidad sus impuestos, merecen un sistema fiscal transparente e igualitario en el que las normas rijan del mismo modo para todos y no en función del color del cuello de sus camisas y del grosor de su cuenta bancaria.
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Cierto es que, a pesar de todo, nunca dejaran de existir lugares en los que algunas prohibiciones fiscales y bancarias no sean operativas. Pero, aún así, es importante que la voluntad de la comunidad internacional radique, a partir de ahora, en acabar con la “normalidad” con la que se opera en los paraísos fiscales. Ésta es una de las grandes oportunidades que la crisis, en cuyo origen resultó fundamental la existencia de estos fraudulentos enclaves, le ofrece al mundo para cambiar su rumbo. La posibilidad inmejorable de cerrar el desagüe por el que se derrama la confianza que hay depositada en el modelo de Estado de Derecho por millones de personas.

27 junio 2009

AUTOMATAS DE LA CULTURA DEL MIEDO

¿Es realmente tan peligrosa esta gripe? ¿A quién beneficia el brote de un virus de estas características? ¿Qué intereses se ocultan detrás de este velo de incertidumbre? Quizás todas estas cuestiones empiecen a esclarecerse si tenemos en cuenta que desde hace más de dos años la industria farmacéutica tiene graves problemas financieros por causa de un notable descenso en la venta de medicamentos.
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Se hizo necesario recurrir a la llamada “doctrina del shock”, que plantea Naomi Klein en su último libro, para que el “capitalismo del desastre” siguiese su curso. La insistencia narcótica de los medios adocenó a millones de ciudadanos temerosos de un posible contagio y en algunos casos incluso los convenció de no volver a comer cerdo. El reclamo para un consumo masivo de antivirales estaba servido. Fue a partir de entonces cuando el gigante suizo Roche y GlaxoSmithKline, dos de las grandes multinacionales del sector, vieron la oportunidad, como únicos proveedores, de servir medicamentos bajo marcas como Tamiflu o Relenza, capaces de combatir o prevenir la infección. En el capitalismo exacerbado que gobierna el mundo también de la desgracia se obtiene rentabilidad. Ambas compañías han visto en los últimos días como se revalorizaban sus acciones en bolsa.
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A través de la creación de necesidades ficticias en los consumidores muchas empresas aseguran la salida de sus productos. En la historia algunas guerras se libraron en favor de la industria armamentística, porque ahora una enfermedad no puede ser utilizada para auspiciar la economía mundial en un sistema que se retroalimenta a base de mentiras.
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Los medios de comunicación funcionan como auténticos gurús de la cultura del miedo. La pandemia de gripe porcina que se originó hace unas semanas en México es una muestra más de cómo el miedo y la ansiedad se propagan más rápido que la propia enfermedad viral. Mientras la sociedad se contagia de hipocondría, el mal de muchos se ha convertido en un negocio capaz de reportar pingües beneficios para algunas farmacéuticas.
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El impacto social de la gripe A (H1N1) ha encendido la alarma en todo el mundo y ha desatado una “psicosis colectiva” que los grandes medios han avivado desde que se conocieron los primeros casos. Las crónicas apocalípticas que relataban la amenaza y las evoluciones de la enfermedad, contra la que no existía remedio conocido, se reprodujeron una y otra vez para recomendar el uso de mascarillas en las zonas públicas y prudencia para evitar males mayores.
Según el último informe de la OMS, hay más de 5.000 afectados en 33 países diferentes, y ya se contabiliza la muerte de 61 personas, de las cuales 56 tenían nacionalidad mexicana. Las consecuencias son reales, no cabe la menor duda.
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Mientras tanto, lejos de los focos y de la mirada de la comunidad internacional se extiende una epidemia mucho más grave que se ha cobrado 1.900 vidas y en la que ya han sido declarados 56.000 casos. África Occidental sufre, desde hace unos meses, uno de los peores brotes de meningitis de su historia y, como de costumbre, la repercusión mediática que ha promovido ha sido muy reducida e incluso inexistente en algunos países. La vieja e inapropiada distinción entre mundos de primera y de tercera sigue siendo extrapolable a las víctimas. Después de más de 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos la vida de una persona, en función de su pasaporte, tiene un valor de cambio distinto en el mercado libre de la información.
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Construida con una intencionalidad premeditada o no, la cultura del miedo forma parte, a todas luces, de las nuevas tendencias sociales del siglo XXI. La sociedad de este siglo está tan atemorizada que permanece adormecida, sin actitud crítica y conmocionada por la desconfianza en casi todo. Los individuos, por su parte, obedientes y esclavizados por los mandatos del poder establecido sólo encuentran alivio en un consumismo compulsivo que les permita comprar la seguridad que las instituciones y las informaciones de los noticieros ponen en duda.
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La deshumanización del mundo ha hecho que las personas sean sustituidas por autómatas y que el miedo se haya convertido en el verdadero opio del pueblo.

19 junio 2009

EN EL BLANCO DE TODAS LAS MIRADAS

Cuando la realidad no invita al optimismo siempre se lleva a cabo el sacrificio de algún chivo expiatorio que pueda encajar la culpa, sin rechistar, para eximir así a los verdaderos culpables. En una recesión profunda y simultánea en economías avanzadas y emergentes como la actual, el inmigrante se ha convertido, en muchos países, en el principal señalado para explicar los avatares de la crisis. Quienes más sufren son también quienes más alto coste tienen que pagar por la avaricia y la sordidez de los que han puesto al mundo del revés.
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En cualquier debate sobre inmigración, el miedo siempre es más atractivo que la esperanza. Por ello, a medida que los efectos de la recesión económica se han ido haciendo más visibles, se han desarrollado también ciertos malestares entre grupos de trabajadores nacionales que, en algunos casos, han llegado a traducirse en repercusiones políticas de gran magnitud en países como Suiza, Holanda o Dinamarca. Un claro ejemplo de ello es la posibilidad de que en las próximas elecciones europeas, el Partido Nacional Británico, con una ideología antiinmigración muy marcada, pueda conseguir su primer escaño en Estrasburgo.
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Entre los orígenes de este recelo generalizado están las dificultades de integración que tienen los inmigrantes en sus comunidades de acogida. En muchos casos, los extranjeros, que por lo general llegan con pocos recursos económicos y sociales, se asientan en las mismas barriadas que con anterioridad habían sido ocupadas por sus compatriotas o por personas de su mismo credo. Algo habitual ya que es en el abrazo de sus “semejantes” en donde encuentran el impulso necesario para empezar a construir una nueva vida desde sus cimientos. Vidas que crecen y se articulan alrededor de núcleos cerrados que se vuelven impermeables a las costumbres, la idiosincrasia e incluso la lengua de su nuevo entorno.
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Ésta es la lucha del Consejo Transatlántico para las Migraciones en el que líderes políticos y expertos en la materia de Europa y América se esfuerzan en la búsqueda de estrategias de reforma de la emigración que permitan una mejor adaptación de los inmigrantes en sus puertos de llegada. Hace unas semanas, en su tercer encuentro anual, el Consejo ha abierto un debate que, por desgracia, no ha calado hondo en los ciudadanos de los países receptores que siguen viendo al inmigrante como una amenaza cuando la realidad demuestra que es esencial y absolutamente necesario para que las máquinas de producción occidentales continúen engrasadas.
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Aún así, en el mapa internacional entre tanto ceño fruncido también se encuentra alguna mirada hospitalaria con el que viene de fuera. Es el caso de Alemania, que ha pasado de contemplar a sus visitantes como extranjeros a verlos como parte integrante de su sociedad. “La participación de los inmigrantes, afianzar su sentido de pertenencia, que nos escuchen decir que les necesitamos y saber vivir en la diversidad”, son las líneas de actuación que Rita Süsmuth, ex presidenta del Bundestag entre 1988 y 1998, considera fundamentales para resolver las diferencias que existen en la sociedad.
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Lejos de las reticencias del viejo continente, de donde no hay que olvidar que partieron una gran parte de las migraciones modernas, existen otros modelos y una mayor confianza pública para asimilar la llegada de trabajadores extranjeros al mercado laboral, escenario en el que se producen los mayores conflictos, acentuados ahora más por los recortes salariales, los despidos y la escasez de oportunidades de trabajo que se derivan de la omnipresente crisis económica. Canadá ha marcado, en América, un camino empático y de cohesión social que podrían tomar muchos países europeos para desviarse, de una vez por todas, de la intransigencia y de la desconfianza que los atenazan.
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Muchas personas, de diversas nacionalidades, se mueven en el mundo por un sueño incontestable: la necesidad y el sentimiento intransferible de saberse vivos y dueños de su propio destino. ¿Hasta cuando vamos a seguir creyendo que el pasaporte es el documento en el que reside y se autoriza la libertad del hombre? “La libertad no existe”, dijo en una ocasión el escritor mexicano Carlos Fuentes. “Solo existe la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres”.

04 junio 2009

ENTRE PANTALLAS Y BANALIDADES

La forma prevalece sobre el fondo. Ésta es la nueva consigna que rige la inteligencia creadora de las sociedades con- temporáneas. El gusto por lo estético y por la espectacu- laridad del envoltorio ha suplantado, en gran medida, los presupuestos racionales de uso y el significado último de las construcciones arquitectónicas, las novedades culinarias o las extravagantes tendencias de la moda. El siglo XXI se ha rebautizado como el siglo de las apariencias, en él que ya nada es lo que parece.

Lejos de las experiencias racionales y funcionales de años atrás que perseguían con insistencia la optimización de recursos y la eficacia llevada hasta el extremo, en los tiempos que corren la respuesta del cómo ha sustituido a las pre- guntas habituales del para qué o el por qué. Lo relevante ahora es la originalidad y el impacto visual de las creaciones para que puedan reclamar la atención del hombre de nuestros días, acostumbrado a casi todo y reacio a perder el tiempo en elucubraciones demasiado enrevesadas.

El tiempo se ha transformado en un bien escaso que el individuo no puede malgastar buscando en las profundidades del contenido por lo que el continente se convierte, con más frecuencia de los deseado, en el principal y a veces único referente de la realidad. En el afán por encontrar algo diferente se ha descuidado el fin que le otorga a las cosas su razón de ser y por la cual fueron creadas.

Edificaciones como el museo Guggenheim de Bilbao o la Ópera de Sidney, ambas con una belleza arquitectónica fuera de toda discusión, consiguen en muchas ocasiones distraer la atención del visitante de las obras de arte, teatrales u operísticas que se albergan en su interior. La presencia magnánima de su estructura traslada a un segundo plano su función práctica y a fin de cuentas su oferta más beneficiosa para la sociedad.

También en otros espacios de la creatividad como la gastronomía o la moda se observa, el eclipse del significado por el significante. La nouvelle cuisine francesa o la cocina molecular de Ferrán Adriá o Homaro Cantu entre otros premia la buena presentación y la sofisticación de un plato minúsculo muy sugerente para los cinco sentidos pero irrisorio para el estómago, incapaz de saciar el apetito con una ración de pollo a la naranja con virutas al aire de chocolate. A fin de cuentas, inconsistente.

En la moda ocurre algo similar. Los diseñadores presentan cada temporada colecciones imposibles que, se supone, marcarán las tendencias de la alta costura y los estilos que van a causar sensación pero que difícilmente tienen un reflejo sólido en los maniquíes de carne y hueso que desfilan por las calles. De nuevo los focos y la fastuosidad de las pasarelas de Milán o New York deslumbran el verdadero sentido de la ropa y lo llevan incluso a lo absurdo.

Como si del grabado de Goya se tratase, las reglas del consumismo han propiciado, a través del arrullo de la publicidad, que “el sueño de la razón produzca monstruos” (número 43 de la serie Los Caprichos, 1799). La satisfacción, abandonada de la razón, de las necesidades del hombre cumple con el goce estético, pero secundario, de una creación que debiera ocuparse primero de ser fiel a sí misma y servir para lo que fue concebida. Alimentos que no alimentan, vestimentas que no visten o centros culturales que no enriquecen son algunas de las paradojas con las que convivimos a diario y que hemos adornado con un culto excesivo a trivialidades y a las apariencias.

Llegados a este punto, conviene preguntarse por una de las cuestiones más manidas de la historia del pensamiento. Si aceptamos que los dos conceptos son importantes, entonces ¿Qué debe prevalecer la forma o el fondo? Es posible que no exista una única solución para esta disyuntiva filosófica y que cualquier respuesta se aventurase, en último término, incompleta. Quizás la virtud se encuentre, como en la mayoría de las cosas, en un punto intermedio, en ese gris equidistante que haga que lo bello sirva para algo y que no se conforme solo con ser una simple pantalla que engrandece un trasfondo vacío.

14 mayo 2009

ÁFRICA, EL GRAN LABORATORIO DEL MUNDO

El continente africano se ha convertido en un gi- gantesco laboratorio para la industria farma- céutica. Una realidad, casi siempre solapada, que en las últimas semanas ha vuelto a ocupar grandes titulares a raíz de las negociaciones que el Go- bierno de Nigeria mantiene con Pfizer para “saldar las viejas cuentas” de los ensayos clínicos, llevados a cabo por la multinacional en 1996, que ter- minaron con la vida de once niños nigerianos y provocaron en 181 graves efectos secundarios, incluidos daños cerebrales irreversibles.

Por aquel entonces, la mayor farmacéutica del mundo envió a un grupo de médicos a Kano, una ciudad al norte del país, para que testasen un nuevo antibiótico indicado para la meningitis y otras infecciones. Los expertos de la compañía suministraron un medicamento, llamado Trovan, a dos centenares de niños con la promesa de que conseguirían curarlos. Los resultados fueron es- tremecedores. El fracaso de la terapia experi- mental hizo que la empresa tuviese que desmantelar su dispositivo apenas dos semanas después de haber llegado a la zona sin ofrecer mayores explicaciones a las familias de los afectados.

Los facultativos de la empresa estadounidense ensayaron durante aquellos días con un tipo de antibiótico todavía en fase de estudio y sin haber superado los test previos. Nigeria, en medio de una epidemia de meningitis y cólera que se llevó la vida de más de 11.000 personas, sirvió de excusa para poner en práctica un experimento, alejado de toda ética, en el que se utilizaron auténticas cobayas humanas. La alerta sanitaria del momento traspapeló los hechos hasta que la conciencia de uno de aquellos investigadores, Juan Walterspiel, le obligó a denunciar lo ocurrido mediante una carta dirigida al máximo mandatario de la institución. Al día siguiente fue despedido, según versiones oficiales por motivos ajenos a su misiva.

Casi 13 años después de lo acontecido Pfizer sigue sin asumir sus responsabilidades e insiste en su inocencia. La batalla legal entre la multinacional y el Gobierno nigeriano se ha prolongado durante los últimos años sin que se sacasen demasiadas conclusiones en limpio. Es ahora cuando podría llegar un acuerdo definitivo entre ambas partes siempre y cuando el arreglo extrajudicial ofrecido por la compañía en concepto de indemnización sea suficiente para hacer callar la indignación de las víctimas. 55 millones de euros, como cifran algunas fuentes, podrían atenuar el dolor de muchas familias que se han visto conducidas a la mendicidad para poder costear el elevado precio de las medicinas que calman la aflicción de sus hijos en los que el Trovan sigue dejando secuelas.

La necesidad de Occidente de acelerar los plazos para obtener beneficios inmediatos, sin importar los medios que se empleen para su consecución, es la causante de muchas de las atrocidades que se cometen el continente olvidado. Allí acuden las grandes farmacéuticas en busca de impunidad para desarrollar con premura sus investigaciones de manera que puedan ser rentabilizadas lo antes posible en los países desarrollados. Las consecuencias derivadas que soporten los africanos poco importan dentro de la vorágine capitalista en la que no hay un segundo ni un céntimo que perder.

La mirada etnocentrista del hombre blanco sigue sin reconocer la existencia “del otro” en igualdad de condiciones. Mientras haya mundos de primera y de tercera, África continuará siendo el patio trasero de la humanidad y sus preguntas inquisitorias sobre su subdesarrollo volverán a ser silenciadas por sus opresores en medio del griterío y de los codazos de los grandes de intereses del Norte por llegar siempre los primeros. ¿Qué hubiera pasado si en lugar de Nigeria “el laboratorio” de Pfizer se hubiese ubicado en cualquier país occidental? Seguramente estaríamos hablando de una respuesta de condena, sin precedentes, por parte de toda la comunidad internacional. Lástima que el Sur no tenga voz para interrogar y rechazar los abusos de quienes lo tiranizan.

El genial escritor y dramaturgo británico-irlandés, Oscar Wilde, dijo en una de sus frases más celebres, “Esto no es un ensayo general señores, es la vida”. El continente africano no es la chácena escondida entre bambalinas en donde se prepara la tramoya antes de salir a escena en el gran teatro del mundo. África y los africanos también son la vida.
de Madrid.

30 abril 2009

El FIN DEL SUEÑO AMERICANO


Las cosas han cambiado mucho. En 1908 el mundo se maravillaba ante el comienzo de un extraordinario periodo de desahogo económico. La producción en serie de los primeros automóviles ponía al alcance de los empelados de Henry Ford la posibilidad de ser los primeros consumidores de la sociedad de masas. El sueño americano se declaraba más real que nunca. Un siglo después y en plena crisis financiera, los trabajadores ya no tienen aquella seguridad que les permitía pensar a largo plazo y las cadenas de montaje han dejado de funcionar.

Los expertos se afanan por definir una realidad tan novedosa como desestructurada y por buscar explicaciones que logren convencer en medio del descanto generalizado. El fin de las utopías y de la renuncia a la idea de progreso, así es como se presenta a sí misma la nueva etapa posmodernista. Un momento histórico que comienza a partir de la caída del muro de Berlín y que se prolonga hasta la actualidad. Un ciclo en el que se produce un cambio en el orden económico capitalista con la aparición del consumismo como soporte principal del sistema y en el que se cristaliza un nuevo paradigma mundial: la globalización.

La sociedad fragmentada a la que, el sociólogo polaco, Zygmunt Bauman añadió, con gran acierto, el adjetivo de líquida ya no dispone de continentes prefijados. Las estructuras institucionales a las que los trabajadores se adherían se han vuelto invisibles y resbaladizas. El individuo se encuentra constreñido ante la imposibilidad de hilvanar un relato coherente de su vida. El trabajo para toda la vida y la tranquilidad de saberse no solo remunerado en la justa medida sino también valorado por la labor y el esfuerzo diarios son circunstancias de un pasado que muchos siguen anhelando por el desconsuelo y la ausencia de expectativas que provoca la constante búsqueda de lo inmediato.

En un mundo sin soportes que se olvida de la historia y pone en duda el futuro se hace difícil hablar de contenidos vigentes. En los “tiempos postmodernos” lo único importante es vivir el momento y, eso sí, nunca dejar de consumir aunque no haya dinero para ello. Ese es el nuevo sueño americano, vivir una vida por encima de las verdaderas posibilidades. El consumo ha mediatizado la mayoría de las relaciones humanas. Baste con reflexionar en como la buena costumbre de regalar un presente se ha convertido en la manera más habitual de mostrar afecto hacia otra persona y en como siempre hay que contar con el impacto económico que presupone. Por algo será que la coincidencia etimológica nos lleva a pensar que el mejor presente no es otro que el propio presente.

Los mayores beneficios han sido siempre el principal objetivo de las compañías pero ahora, lejos de las actitudes paternalistas del fordismo, las políticas de reducción de costes se ceban especialmente con la mano de obra. Si alguien ya no resulta rentable se le sustituye sin más miramientos. Casos como el de Joan Ramón Vilamajó, un empleado barcelonés de 45 años, que fue despedido por la aseguradora Lico Operador de Banca-Seguros diez días después de que se le diagnosticase un cáncer de pulmón, son un ejemplo claro de la fragilidad y la inseguridad que tienen que afrontar día a día los trabajadores de la empresa del siglo XXI, en la que nada está garantizado.
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Como si fuese una reedición del largometraje Tiempos Modernos, en el que Charles Chaplin relataba las condiciones desesperadas de empleo que la clase obrera tenía que soportar durante la época de la gran depresión de 1929, los engranajes de las grandes multinacionales, con filiales repartidas por todo el globo, han deshumanizado un proceso de producción en el que las personas son solo un recurso más, prescindible si las cuentas de la empresa así lo requieren. El sistema convulso y cambiante en el que se insertan les ha ido despojando de sus derechos hasta convertirlos en simples autómatas que ejecutan una y otra vez la misma tarea. En las fábricas de hoy en día no hay tiempo ni lugar para las imperfecciones humanas.

La única solución estriba en situar a la empresa y al trabajador en el mismo lado de la balanza para vencer a la incertidumbre. Al fin y al cabo los empresarios, como nosotros, también tienen alma.

20 marzo 2009

LOS EXCÉNTRICOS DICTADOS DE LA FE


La Iglesia Católica ha comenzado una “nueva cruzada” para recuperar la influencia y el poder que ostentaba hace no tantos años. Hechos como el levantamiento de un minivaticano de Madrid, el rechazo del Papa al uso del preservativo como solución contra el Sida o la excéntrica campaña contra el aborto en la que se plantea que en España se protege más a las especies en peligro de extinción de lo que se cuida el derecho a la vida de los embriones son los diálogos más importantes que la fe ha abierto con la sociedad en una controversia en la que se recuperan los viejos discursos del conservadurismo.

La construcción del llamado minivaticano de Madrid ha suscitado las quejas y las protestas de cientos de ciudadanos de la capital que consideran un atropello que se utilicen terrenos públicos para fines religiosos. Si el proyecto sigue adelante, el nuevo complejo urbanístico-eclesiástico ocupará una extensión de 25.000 metros cuadrados en la zona histórica de las Vistillas, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, algo que ha causado la indignación de varias asociaciones laicas y vecinales que ya preparan una campaña de acciones para frenar lo que han calificado como “un privilegio más de la jerarquía católica”.

La polémica cesión de espacio urbano por parte del alcalde, Alberto Ruíz Gallardón, al presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco Varela, pone fin a 20 años de negociaciones tras la aprobación de la operación Ciudad de la Iglesia. Las fuerzas políticas opositoras, PSOE e IU, ya han presentado un recurso contencioso-administrativo con el apoyo de buena parte de los vecinos más afectados por la inminente construcción de lo que oficialmente se llama “Plan Parcial de Reforma Interior de la Cornisa del río Manzanares”. Uno de ellos es el concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Madrid, Ángel Lara, que aboga incluso por pedir ayuda divina para obrar un milagro. “Le rogaremos a Dios para que la resolución de los tribunales llegue antes que el inicio de las obras”, afirmó en tono condescendiente.

La resistencia ciudadana a la puesta en marcha del proyecto pretende emprender en los próximos días una oleada de concentraciones pacíficas regulares que desemboquen poco antes de Semana Santa en una gran manifestación que llegue hasta la Catedral de la Almudena. Todos los esfuerzos son pocos para tratar de “impedir que, una vez más, se pongan los servicios públicos al servicio de los intereses particulares de una empresa privada: la Iglesia”, tal y como dijo el presidente de la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores, Luis Vega.

Al conflicto urbano en la capital de España se le une la discutida campaña publicitaria que los obispos españoles han sacado a las calles de 37 ciudades en contra del aborto. En la imagen del anuncio aparece un lince y un recién nacido para denunciar que las especies animales en peligro de extinción reciben mayor protección jurídica que un no nacido. El coste y el origen del dinero utilizado para sufragar los gastos de marketing han propiciado un debate que a buen seguro supondrá para la Iglesia un precio, el del desgaste público, mucho más elevado que el estrictamente económico. El portavoz episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, ha asegurado que el montante no supera los 250.000 euros, una cifra menor dado el gran impacto que la iniciativa ya ha tenido en los medios. Las respuestas desde la clase política tampoco se han hecho esperar y ya se le han añadido los adjetivos de agresiva o provocadora.

Mientras tanto, Benedicto XVI visita Camerún en el primer viaje apostólico que el Sumo Pontífice realiza a tierras africanas, el continente en el que más crece el catolicismo. En África se localiza el 68 % de los infectados por el VIH a nivel mundial, es decir, 22,5 millones de subsaharianos según las cuentas de la OMS. Realidad a la que Joseph Ratzinger responde con el desprecio tajante de los preservativos como instrumento de contención del Sida y con la propuesta de la “abstinencia y la oración” como única vía eficaz para luchar contra la epidemia. Como era de esperar, la condena de las palabras del Papa ha llegado hasta el punto de ser tachado de “cómplice a sabiendas de nuevos contagios”, como han sugerido las asociaciones de homosexuales de Italia.

Con todos estos frentes abiertos, la Iglesia ha vuelto a la portada de la agenda mediática para tratar de recuperar, desde el combate dialéctico, el territorio cedido en los últimos tiempos. Ésta no sería una mala praxis si los argumentos que utiliza para defender sus posturas no retrotrajesen el debate social a temas sexoangelicales, como la definición exacta del inicio de la vida, o a propuestas obsoletas, como la abstención como “única vía de escape” para las enfermedades de transmisión sexual.

Los máximos representantes de la fe católica han impuesto sus propias reglas en el tablero y con estas fichas la partida se decanta a su favor. Hasta que la conversación pública no abandone el uso de estos términos vacios el progreso será imposible ya que el punto de partida del que pueda brotar un principio de consenso se ubica cada vez más alejado de los problemas del presente.

19 marzo 2009

POR UN PERIODISMO COMPROMETIDO

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II Jornadas de Comunicación y Desarrollo
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En los tiempos que corren no es fácil hablar de buenas prácticas periodísticas cuando los medios de comunicación nos muestran, con demasiada frecuencia, malas copias de aquello que los profesores se afanan en contar en las facultades que debería ser el periodismo riguroso y objetivo que ensalzan los manuales. Mientras tanto, los periodistas del mañana siguen montando corrillos en cada cambio de clase para intercambiar siempre las mismas frases decaídas de “no hay trabajo” y “cuando termine me dedicaré a otra cosa”. Aún así, hay visos de esperanza en una profesión terriblemente denostada en la que todavía quedan voces capaces de reavivar, en los estudiantes, la inquietud y la pasión que les produce el periodismo.
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En el marco de las “Jornadas de Comunicación y Desarrollo” que por segundo año consecutivo ha organizado la ONG Solidarios en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, se han escuchado, en primicia, los testimonios de dos de las periodistas más reconocidas de nuestro país y por ende dos de las voces más interesantes y preparadas para entonar el discurso del buen periodismo hecho desde el compromiso. Rosa María Calaf, 63 años, y Ana Pastor, 31, son dos de las máximas representantes de dos generaciones de mujeres periodistas que han hecho del ejercicio de su trabajo, desde las redacciones o desde el lugar de la noticia, un auténtico modo de vida.
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A punto de jubilarse y con una larga y brillante trayectoria a su espalda como corresponsal de TVE1 en ciudades tan dispares como Moscú, Nueva York, Viena, Roma o Buenos Aires, Rosa María Calaf reflexiona sobre el exceso de información en la actualidad. La “constante repetición de lo mismo” ha ocupado el espacio de los medios superponiéndose al análisis y ahogando la multiplicidad de perspectivas sobre la realidad de los acontecimientos. El anhelo por la inmediatez y la lucha encarnizada de las cámaras por llegar las primeras han terminado por mercantilizar un oficio para el que Kapúscínski dijo alguna vez que los cínicos no servían.
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Con la tranquilidad que da la experiencia y con los galones de ser la corresponsal más veterana de la televisión pública para la que todavía sigue trabajando, ahora desde Hong Kong, Calaf quiso delimitar la diferencia existente entre lo urgente y lo importante, conceptos que muchas veces se confunden a favor de los intereses empresariales de los grupos de comunicación. “En el periodismo de hoy en día hay muertos de primera y muertos de tercera. No existen los muertos de tercera. Existe una distorsión absoluta de los que deberían ser los principios éticos que rigen esta profesión”, resaltó la comunicadora catalana cuestionando también la tendencia de los medios a bombardear al espectador con imágenes desoladoras que despiertan en ellos una “solidaridad efímera” que desaparece con la llegada de una nueva catástrofe. “Tres años después del Tsunami de Indonesia, ¿Quién se pregunta hoy que ha pasado con los damnificados?”, apostilló el pelo rojo más famoso de la televisión.
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Por su parte, Ana Pastor, una de las caras más reconocidas de la pequeña pantalla desde su llegada en 2006, habló principalmente de honestidad. “No se trata de que seamos objetivos sino honestos. La equidistancia está haciendo mucho daño al periodismo”, afirmó la presentadora de 59 segundos, circunstancia profesional que considera anecdótica en su vida y con la que disfruta cada día porque si hay algo que apasiona de verdad a Ana Pastor, eso es la política. “La política lo es todo. Desde que me levanto hasta que me acuesto no puedo quitarme la chaqueta de periodista”.
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La madrileña, especialmente sensible con las situaciones precarias de los países africanos, viaja siempre que puede a Níger para “oler la miseria de uno de los mundos que habitan este mundo y que mucha gente no quiere ver”. Es su manera de entender una profesión a la que se dedica en cuerpo y alma, las 24 horas del día. A pesar de las dificultades que entraña el panorama internacional, quiso dejar patente, en su intervención, un mensaje de esperanza y optimismo: “Quizás las nuevas generaciones seamos las más apolíticas de la historia pero también somos las más comprometidas”. Para ella, la única forma de desempeñar con criterio esta profesión es “siendo buena persona y no dejar que nos engañen. Ante la duda, periodismo”.
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Rosa María Calaf y Ana Pastor son, en definitiva, dos periodistas que se admiran, dos cosmovisiones que mantienen un mismo sueño por el que luchar y que parte de la misma vocación de ser intermediarias entre las realidades sociales que existen en el mundo y de las que muchas veces no somos conscientes. Como se dijo en algún momento del diálogo que se mantuvo tras las intervenciones de las ponentes más allá de “no perder el norte” lo que no deberíamos nunca es “perder el sur”.
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El esfuerzo y el trabajo diario es el punto de unión entre dos generaciones distintas que caminan hacia las mismas metas y que persiguen los mismos objetivos. Hacer periodismo con dignidad y compromiso no parece una utopía imposible desde las voces y el saber hacer de dos periodistas de mundo que han querido compartir su experiencia y su palabra con una sala repleta de estudiantes, de periodistas en potencia, que a buen seguro han visto en sus caras la mirada crítica y honesta que ellos querrán para sí el día de mañana.
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18 marzo 2009

LA EDUCACIÓN SALE A LA PALESTRA


Ya hace mucho tiempo que los periódicos dejaron de ser objetivos, si es que lo fueron en algún momento a lo largo de la constantemente cuestionada historia del periodismo. Esa no es ninguna novedad. El "nuevo periodismo" permite que la interpretación no se encierre solo en determinadas secciones, como ocurría en los viejos y amarillentos ejemplares que reposan en las estanterías de las hemerotecas, sino que facilita su extensión, sin miramientos, desde la primera a la última página de cada tirada. En los días de crisis en que vivimos, el que no toma postura es arroyado por la vorágine informativa y el punto de vista sesgado pasa a convertirse en una trinchera ideal en la que protegerse de las tempestades argumentativas y de los editoriales arrojadizos de los contrarios. Así son las reglas del juego.

En la mayoría de los casos, una misma noticia puede cambiar paracticamente de significado en función de la perspectiva y las estadísticas de las que eche mano el periodista para reforzar su información. Como ejemplo, baste con sacar a la palestra el acalorado debate sobre la educación en España, siempre entre alfileres, que ha levantado la decisión del Tribunal Supremo de revocar la reforma del Bachillerato que propuso el Gobierno de Zapatero para contener el abandono escolar. He aquí dos propuestas encontradas para entender una misma realidad.
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Como dice el sociólogo y psicoanalista esloveno, Slavoj Žižek , los objetos ya traen en su interior la mirada del otro ... y las noticias también. Solo falta por saber quién es ese otro él que mira.
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Sentencia por la mediocridad

La propuesta del Gobierno que buscaba una modernización necesaria del Bachillerato español ha sido anulada por el Tribunal Supremo. La medida diseñada por el Ministerio de Educación tenía como principal objetivo la reducción del abandono escolar, un problema verdaderamente acuciante ya que el 31% de los jóvenes dejan de estudiar después de la educación obligatoria, una cifra que duplica la media de la Unión Europea.

El “curso puente” que se proyectaba desde la cartera dirigida por Mercedes Cabrera estaba previsto para su puesta en práctica a partir del próximo curso. La controvertida medida, que finalmente no llegará a aplicarse, consistía en darles a los alumnos la opción de cursar un “año intermedio” entre 1º y 2º cuando acumulasen no más de cuatro asignaturas suspensas. De este modo los estudiantes podrían completar el curso con algunas materias avanzadas de 2º, además de las pendientes que ya venían arrastrando. Finalmente, lo que nacía como un voto de confianza para la juventud fue cortado de raíz por la máxima instancia del Poder Judicial.

A pesar de las críticas recibidas con especial contundencia por los miembros de la oposición y por otros organismos como la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza (FERE), los argumentos del ministerio han sido claros desde un principio. Los alumnos de Bachillerato tendrían que aprobar de igual manera todas las asignaturas pero con esta norma, muerta antes de nacer, se les evitaría la frustración de tener que cursar por segunda vez las materias ya superadas.

La decisión del Supremo ha escogido el camino de la rigidez y el de la apatía en lugar de optar por la senda, muchas veces olvidada por las estructuras del Estado, de dar facilidades y apoyo a los jóvenes estudiantes en unos años decisivos para su formación y en los que, para más inri, deben decidir en un corto espacio de tiempo qué dirección tomar para dilucidar su futuro académico o profesional.

Con la sentencia ya en firme, la ministra Cabrera ha asegurado que “seguirán buscando alternativas” para mejorar y modernizar la educación española. Cada año, el 23% de los estudiantes de 1º de Bachillerato repite (porcentaje que va desde el 28% en Baleares al 13,5% en el País Vasco), según los últimos datos del Ministerio de Educación en 2007. La situación de las aulas en nuestro país no es buena pero solo se podrá revertir si todos remamos en la misma dirección.
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Suspenso en educación

El Tribunal Supremo ha tomado una decisión que puede verter un poco de luz en el enorme pozo sin fondo en el que ha caído la educación española.

La máxima instancia del Poder Judicial ha revocado una de las medidas más controvertidas de la reforma del Bachillerato diseñada por el Gobierno de Zapatero al anular la posibilidad de que los alumnos de primer curso puedan pasar a segundo con hasta cuatro asignaturas suspensas. Esta norma, contenida en un real decreto de 2007, ofrecía a los estudiantes la oportunidad de elegir entre repetir el año escolar completo o solo las asignaturas suspendidas en complemento con algunas materias avanzadas del curso siguiente.

Con la acción del Supremo las aulas españolas pondrán, a partir de ahora, más trabas a la mediocridad de un sistema educativo que sigue sin convencer a nadie. De este modo el notable deterioro que, en los últimos años, ha sufrido la calidad de la enseñanza de nuestro país se verá respaldada por una medida que huye del “facilismo” en favor de la “cultura del esfuerzo”, tal y como abogaban las voces más críticas con la postura del Ministerio de Educación en torno a esta cuestión.

La cartera dirigida por Mercedes Cabrera, aún acatando la sentencia, no renuncia a buscar alternativas que, ateniéndose a la LOE, alcancen el objetivo que buscaban desde un primer momento: evitar que los alumnos tengan que volver a cursar asignaturas ya aprobadas y así, según sus propias palabras, lograr “una modernización del bachillerato”. Una modernización que, como siempre, se basa en la ley del mínimo esfuerzo.

El eterno debate sobre la educación sigue abierto. Los datos que el Informe PISA, elaborado por la OCDE cada tres años, no nos invitan precisamente a ser optimistas. Los resultados de 2006 sitúan a España como uno de los países peor parados de la Unión Europea, sólo por delante de Rumanía, Bulgaria y Grecia. Los indicadores evaluados en materia educativa no dejan lugar a dudas: 24 puntos por debajo de la media y 20 puntos de descenso respecto al último informe.
Ante un panorama tan desolador la Justicia ha salido al paso para quitarle la razón al Gobierno en una materia, la educación, en la que suspende desde 2004. El fallo del Tribunal Supremo supone un halo de lucidez entre la constante pasividad de unos gobernantes que acostumbran a mirar para otro lado.

13 marzo 2009

NUEVOS TIEMPOS PARA LA CIENCIA


Barack Obama ha abierto una nueva puerta para la ciencia tras la que no se esconde la religión ni las ideologías. Con la firma de un memorando que autoriza la financiación pública destinada a la investigación con células madre embrionarias, el nuevo presidente de Estados Unidos ha puesto fin a una prohibición que impedía el avance científico en un terreno con un extraordinario potencial para la medicina del futuro.

La primera gran reforma en materia científica de la Administración norteamericana supone un cambio de rumbo en la política que la Casa Blanca ha desarrollado durante los últimos ocho años. “Los representantes políticos no deberían suprimir o alterar descubrimientos o conclusiones científicas o tecnológicas basándose en sus propias ideas o creencias”, recalcó Obama para criticar la postura prohibitiva que su antecesor en el cargo había mantenido en relación con este tipo de experimentos por considerarlos contrarios a la vida humana.

La inyección económica del Gobierno federal en las investigaciones con células madre supondrá, a partir de ahora, una mejora en los tratamientos de enfermedades como el alzhéimer, el párkinson o la diabetes pero sobre todo significará la apuesta, aunque todavía sin efectos prácticos, por una fuente fiable de órganos y tejidos para trasplantes. Aún así, hoy en día la comunidad médica ya tiene en estos ensayos algunas utilidades inmediatas como son la obtención de modelos de laboratorio de enfermedades genéticas o la oportunidad de preparar pruebas específicas para comprobar la viabilidad de los nuevos medicamentos.

A pesar de todo, lejos de encontrar un consenso generalizado la medida ha vuelto a despertar el debate en la sociedad estadounidense y ya se han producido las primeras reacciones en contra. La Conferencia de Obispos de Estados Unidos ha calificado esta decisión como “una triste victoria de la política sobre la ciencia y la ética” y el sector republicano de la Cámara de Representantes ha emprendido una campaña para desprestigiar la nueva dirección científica del presidente en la que se pone en entredicho la aplicación real de estas controvertidas investigaciones.

El paso de George W. Bush por el sillón presidencial situó al mundo ante una elección irresponsable entre la ciencia y los valores morales. Una decisión injusta que solo Albert Einstein ha sido capaz de conciliar con una frase que pasaría a la posteridad y que a punto estuvo de terminar con el eterno debate entre ciencia y religión: “la ciencia sin religión es coja y la religión sin ciencia es ciega”. Un intento pacificador, el que pronunció el inventor de la Teoría de la Relatividad, que varias décadas después no ha
convencido a ninguno de los dos bandos en una discusión que sigue hiriendo sensibilidades. La duda está en saber con certeza en qué momento un embrión pasa a ser considerado como un ser humano. La respuesta, como diría el propio Einstein, es relativa.

Los Institutos Nacionales de Salud de EEUU disponen, desde la semana pasada, de un plazo de 120 días para preparar las directrices que regularán de que manera podrán acceder a la financiación pública para estas investigaciones. Desde el año 2001 solo habían podido recibir subvenciones federales 21 proyectos que habían sido aprobados antes de la llegada de Bush al poder y a los que sí se les ha seguido suministrando dinero estatal durante todos estos años. Se estima que en los próximos meses se puedan desarrollar entre 400 y 1000 trabajos similares.

La nueva etapa de esperanza que vive la humanidad ha comenzado de la mano del presidente de la primera potencia mundial, considerado por muchos como un auténtico mito viviente. Obama se ha comprometido a poner a la ciencia al servicio de los hechos “y no de las ideologías” y para ello ha vuelto a delimitar la estrecha frontera que separa a la política de las creencias en un país con profundas y marcadas raíces religiosas.

El relanzamiento de las investigaciones con células madre embrionarias es una muestra más de su posicionamiento firme y a favor del progreso, de la ciencia y de la libertad de los científicos a establecer sus líneas de trabajo alejados de la manipulación y de la coerción de quienes no ven más allá de sus prejuicios morales.

21 enero 2009

EL ÚLTIMO VIAJE HACIA LA LIBERTAD



La familia de Eluana Englaro lleva más de diez años luchando por cumplir su último deseo expreso. “Desconectad las máquinas, dejad morir a mi hija, tened un poco de dignidad”, no ha parado de repetir una y otra vez su padre, Giuseppe, ante la justicia italiana sin obtener la respuesta esperada. Ahora, a pesar de que el Ejecutivo de Berlusconi lo ha prohibido mediante una circular que afecta a todo el país, la presidenta del Piamonte, Mercedes Bresso, se ha mostrado dispuesta a que en alguno de los centros sanitarios de su región se lleve a cabo la desconexión de la sonda que le proporciona alimento y la mantiene con vida desde 1992. Para los Englaro se atisba una luz al final del túnel.

El pasado 18 de enero se cumplían 17 años desde que un accidente de tráfico, mientras volvía a casa de madrugada, postrara para siempre a Eluana en una cama de la clínica religiosa Beato Talamoni de Lecco, cerca de Milán, en donde reside con el cuidado de las monjas Misericordine. Desde entonces, la joven de 38 años, ha permanecido en estado vegetativo irreversible y sin poder articular palabra ante la controversia que se ha desarrollado en torno a su situación. Voz que le ha sido devuelta a través de su padre al emprender éste una batalla legal contra el gobierno para darle a su hija una “muerte digna”.

El debate en Italia está servido. En noviembre de 2008, después de varios intentos fallidos, el Tribunal Supremo daba la razón a la familia de la mujer y autorizaba la retirada de su alimentación artificial. Pero la dificultad para encontrar un hospital que accediese a facilitar su muerte no hizo más que dilatar la espera. Fue entonces, cuando a mediados de diciembre el ministro de sanidad, Maurizio Sacconi, desafió a la justicia con el envió de una orden a todas las regiones italianas en la que prohíbe a todos los hospitales públicos, concertados y privados que se lleve a cabo en sus instalaciones cualquier acto de eutanasia.

Con el ofrecimiento del Piamonte las circunstancias han sufrido un nuevo giro de timón. “A nosotros no se nos ha pedido nada, pero si se nos pide no habría ningún problema”, ha asegurado Bresso desde Bruselas, tras su reunión con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso. De concretarse la propuesta, la primera muestra pública de disponibilidad tras la negativa del gobierno, ésta tendría que realizarse en centros privados para esquivar las implicaciones del Estado. Hace unos días, la clínica Cittá de Udine también había presentado sus servicios pero tuvo que desdecirse ante las fuertes presiones recibidas por el ministerio que amenazaban incluso con el cese de la actividad del centro.

En los próximos días se conocerá si los Englaro podrán cumplir, al fin, la voluntad de su hija o si por el contrario los acontecimientos vuelven a tomar un rumbo diferente. Mientras tanto en la calle y en el parlamento se repite la misma pregunta ¿Quién tiene derecho a decidir sobre la vida o la muerte de una persona? La Iglesia y los partidos de la derecha política transfieren a Dios esa responsabilidad y hablan abiertamente de asesinato y de inmoralidad. En el bando contrario, la sinistra aboga por la libertad personal e inviolable del individuo a no recibir tratamientos sanitarios y a decidir sobre sí mismos. En ambas argumentaciones, la dignidad humana es apelada para reforzar dos posturas encontradas y en disputa desde los tiempos de la Grecia clásica. Aunque por aquel entonces la concepción de la existencia era diferente: una vida mala no es digna de ser vivida.

La opinión pública ha conocido en los últimos años la historia de algunas personas que consideraban que la vida es un derecho y no una obligación. Terry Schiavo en los Estados Unidos o Ramón Sampedro en España al igual que Eluana han hecho reflexionar a la sociedad sobre lo que se considera una muerte digna. Pero todavía falta tolerancia para entender la libertad de elegir. Sólo el tiempo y la evolución de las conciencias decidirán algún día si sus peticiones eran razonables o no.

13 diciembre 2008

LOS AMANTES DE VALDARO

Tratar de explicar como funcionan los engranajes del amor no es algo alcanzable para casi nadie. Ni siquiera para quien lo practica a diario. Pero creo que si existe alguna forma de acercarse un poco a la orilla de los múltiples y variables significados de este sentimiento de oleajes y ventoleras es a través de la imagen eterna de los amantes de Valdaro, fundidos para siempre en un abrazo indisoluble que perdura hasta nuestros días. En fin, en eso consiste el amor.
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El seis de febrero de 2007, un grupo de arqueólogos descubrían en un enterramiento neolítico del suburbio industrial de Valdaro, en la ciudad italiana de Mantua, a esta feliz pareja de enamorados tratando de escapar de los relojes y de engañar al tiempo prolongando su unión más allá de los minuteros y de los ciclos biológicos. Las primeras pruebas de los investigadores demostraron que los esqueletos corresponden a un hombre y a una mujer sepultados juntos, hace más de 5.000 años, con las rostros enfrentados y los brazos y piernas entrecuzados, una posición que ha despertado la suspicacia y la curiosidad de muchos estudiosos.
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Para Elena Menotti, la responsable de la expedición arqueológica que desempolvó la primera versión de la obra de Shakespeare - Romeo y Julieta -, "ambos murieron jóvenes porque conservan intactos la mayoría de sus dientes". Además, rechaza la idea de que la mujer fuera sacrificada tras una muerte natural de su marido por la misteriosa y tierna postura en la que fueron sorprendidos en su intimidad.
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Ahora los dos cuerpos entrelazdos continúan confundidos el uno en el otro y expuestos en el Museo Arqueológico de Mantua, para siempre, al menos por otros 5.000 años. Para que cualquier visitante comprenda al verlos que el amor es algo irracional que no entiende de medidas ni de encajes, que el amor después de todo es lo mejor que nos puede pasar en la vida.
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Desde la invención de las palabras miles de poetas y adolescentes han intentado buscar, si éxito, en sus rimas y en sus prosas la definición exacta de esa sensación que a todos nos embarga de vez en cuando y que hace que los colores brillen más, que las aceras sean de algodón y que las noches se hagan interminables. Siglos de incertidumbre mientras la respuesta que todos buscaban yacía enterrada y escrita en la misma tierra desde hace cinco milenios.
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Conservando sus recuerdos y sus besos en el calor de un abrazo infinito estarán para siempre vivos en la enternidad y muertos por sus huesos.

10 diciembre 2008

REMINISCENCIAS DE AQUEL PARÍS

El Plan de Bolonia ha conseguido revivir el movimiento estudiantil en España. Universidades públicas de Barcelona, Madrid, Sevilla y Valencia acogen, desde hace meses, asambleas en las que miles de voces, contrarias a la reforma europea, piden que se paralice un proceso que, según sus pancartas, conducirá a la enseñanza superior a la mercantilización mediante la intromisión de la financiación privada. Manifestaciones, encierros indeterminados en algunas facultades y la participación activa en los órganos de decisión de las instituciones de las que forman parte son sus altavoces para hacerse oír en un debate con exceso de ruido y al que no han sido invitados.

Lo que en 1999 había surgido como un cambio pacífico suscrito por 29 países, hoy 46, con el fin de modernizar e internacionalizar la educación universitaria se ha convertido en una guerra abierta entre estudiantes y organismos. Los primeros protestan en contra de las becas-préstamos, de la precarización de las titulaciones y de una supuesta eliminación de las carreras de humanidades por ser menos rentables para el mercado. Piden la paralización del proceso y la escenificación pública de una discusión en la que todos los interesados puedan tomar parte. Los segundos, rectores y políticos, dicen que la inversión pública no se verá afectada, ni tampoco su independencia y aseguran que el nuevo plan mejorará las salidas laborales y que seguirá siendo accesible para todos los bolsillos. Piden respeto al alumnado en el uso de sus mecanismos de expresión y aceptan su implicación en la configuración de los planes de estudio.

La fuerza que impulsa las movilizaciones es, a fin de cuentas, la sensación que muchos jóvenes tienen de no haber sido consultados. Un vacio democrático que les hace invisibles e inoperantes para el sistema. Nadie les ha dado explicaciones y por eso reivindican su derecho de participar en las decisiones que marcarán su futuro académico y profesional. “Queremos que nos escuchen. Aunque no consigamos nada ya hemos ganado porque al menos la gente se está cuestionando las cosas”, afirma Laura Flores, estudiante de Derecho en Sevilla. Su lucha, más allá del ámbito de la educación, es también la construcción de una sociedad más justa y estructurada.

Cuatro décadas más tarde, en lo esencial esta historia es la misma que la que tantas veces Ismael Serrano le pidió a su padre que le contase. Aquel cuento tan bonito en el que estudiantes con flequillo y guerrillas urbanas, uniformadas con pantalones de campana, luchaban contra el orden establecido por la quinta República francesa gobernada por De Gaulle a finales de los sesenta. En aquella ocasión, bajo el lema de “seamos realistas, exijamos lo imposible”, miles de personas vieron la oportunidad de cambiar la “vieja sociedad” y sustituirla por una nueva fundamentada en los derechos y en la libertades. Pese a todo, aquella revolución inédita, dirigida por primera vez en la historia por estudiantes, no triunfó y los ideales de aquel mayo se evaporaron sin transformaciones inmediatas pero si dejaron huellas en las nuevas formas de pensar el mundo. Cuarenta años después, algunas reminiscencias de aquellos acontecimientos contestatarios han aparecido en las principales universidades españolas como la Autónoma de Barcelona o la Complutense de Madrid.

Los contextos son distintos y los protagonistas otros pero es inevitable no recordar aquel Paris, en la primavera de 1968, en el que muchos jóvenes inconformistas soñaron con un mundo diferente en el que buscar arena de playa bajo los adoquinados del capitalismo occidental. En España los objetivos de la protesta no van tan lejos pero la reacción en defensa de unos principios comunes es la misma que la de aquellos intrépidos comandados por Daniel Cohn-Bendit.

Sobre el papel, está previsto que para el curso 2010/2011 el proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) se finalice en todos los países firmantes. Para entonces, salvo que contra todo pronóstico las movilizaciones logren sus objetivos, el Plan de Bolonia será una realidad y sus defectos y virtudes evidentes. Sea como sea, todo el esfuerzo de los estudiantes por hacerse visibles y partícipes de sus propias vidas habrá merecido la pena, aunque solo sea por haberse atrevido a pensar que las cosas hubieran podido ser de otra manera.

03 diciembre 2008

LA LENGUA COMÚN DE LAS LÁGRIMAS


“¿Quién hubiera pensado que las lágrimas llegarían a ser una vez nuestra lengua común?”, exclamaba desde su micrófono un reportero de la televisión turca tras el maremoto que asoló la costa este de Sumatra a finales de 2004 y que, según cifras oficiales, se llevó la vida de 230.000 personas. Estas palabras eran su comentario ante la reconciliación, al menos durante la catástrofe, de la enemistada región del archipiélago indonesio y el sudeste asiático. Las grandes desgracias globales como el cambio climático, las crisis financieras o el terrorismo hacen que desaparezcan los antagonismos y nos unen en una única acción conjunta en pos de salvar el mundo.

Ulrich Beck, sociólogo alemán y estudioso de los procesos de globalización, acuñó en 1986 el término de la “sociedad del riesgo” para explicar las transformaciones que han dado pie al comienzo de la posmodernidad a partir de la caída del muro de Berlín y que se llena de significación en relación con los incuestionables avances de la modernidad, sobre todo durante el siglo XX. Hitos que han provocado una serie de consecuencias indirectas y en parte inesperadas como la inseguridad ciudadana y los nuevos peligros para los que ya nadie tiene remedio.

Vivimos en un mundo de porcelana que amenaza con romperse en mil pedazos a causa de la proliferación en la escena pública de nuevos riesgos desconocidos en el pasado pero incuestionables en el presente. Los medios de comunicación son los encargados de poner el grito en el cielo para mantener unidas las grietas del planeta. Los movimientos sociales, de protestar y pedir explicaciones por la pasividad de los Estados y las multinacionales, ambos siempre culpables de las emergencias planetarias. Pero, ¿Quién decide qué es un riesgo extensible para toda la humanidad? Quizás, también, los responsables de remendar los descosidos dada la ausencia de soluciones definitivas.

Peligros como el que suponen para la salud los campos electromagnéticos que producen las antenas de telefonía móvil, la gripe aviar identificada como la fuente más probable de una futura pandemia humana o la exposición prolongada a los rayos del sol como el causante principal del cáncer de piel son riesgos reales que condicionan la vida de los ciudadanos bajo un velo de miedo. Algo que la economía y la burocracia saben aprovechar muy bien a costa de un individuo desconfiado que agradece los esfuerzos institucionales para garantizar su seguridad a pesar de que ello conlleve la restricción de sus libertades. La prohibición de llevar líquidos en los aviones es un ejemplo claro de la influencia que tiene en la cotidianeidad de las personas “la espada de Damocles” que supone el terrorismo internacional para la sociedad raída en la incertidumbre.

Para sobrellevar tanta indefinición la sociedad del hoy necesita de artificios que prometan un futuro plausible en el mañana. Algo en qué confiar. “In God we trust”, sugieren los dólares americanos desde 1864. “In Obama we trust”, coinciden propios y extraños tras la reciente elección de un nuevo líder carismático como presidente de la “aldea global” de la que ya todos formamos parte. Venga de Dios, del capital o de un “ángel salvador” la creencia de que otro mundo es posible es una realidad guiada por la presencia formal de un nosotros que no entiende de fronteras ni visados. He aquí, el nacimiento del cosmopolitismo como alternativa.

Una política eficiente para suavizar los efectos del cambio climático, un plan de restructuración económica para hacer frente a la crisis o una respuesta contundente contra el terrorismo son algunas de las metas que ya pueden ser articuladas, por desgracia o por fortuna, con la gramática común de la lengua de las lágrimas. Las cicatrices que las grandes catástrofes han dejado en el pasado han creado un sentimiento colectivo inédito que adolece de los mismos males y que se esfuerza en las mismas prevenciones. En aprender a pensar en colectivo está la esperanza del mundo de que sus próximos llantos no sean de pena sino de progreso.

29 noviembre 2008

LES PARAULES SON LA CLAU DEL MÓN

Las palabras son la llave que abre las puertas del mundo. Este poema visual del poeta catalán Joan Brossa (1919-1998) titulado La clau destapa la magía del objeto (una llave / una clave) para hacernos participes del significado más profundo que encierran las puertas del lenguaje. Sólo a través de las palabras podemos dejar que entren las corrientes del entendimiento en nuestro mundo cerrado e inexpresivo.

La clau, Joan Brossa

25 noviembre 2008

REDES SOCIALES, ESPEJO DE MULTITUDES

Las redes sociales son el espejo de la juventud. Ejemplos como los de Facebook (con 110 millones de perfiles activos), MySpace o Tuenti se han convertido en una herramienta útil y sencilla con la que muchos jóvenes de diversos puntos del planeta pueden entablar relaciones interpersonales online. Los usuarios crean versiones idealizadas de ellos mismos en las que sacan a relucir sus mejores virtudes con el afán de gustar a su entorno en la red. De los demás y de su reconocimiento depende el sentirse bien con su identidad verdadera.

Un estudio psicológico de la Universidad de Los Ángeles (UCLA), basado en las actitudes de estudiantes universitarios de Estados Unidos ante esta nueva forma de comunicación, asegura que este tipo de redes contribuye al desarrollo de la personalidad del individuo. “Las redes sociales se han convertido en una forma más de desarrollo personal. La identidad, las relaciones románticas y sexuales, todo queda reflejado en internet”, afirma Patricia Greenfield, co-autora de la investigación junto con Adriana Manago.

Manuel Castells, catedrático de sociología y urbanismo en la Universidad de Berkeley (California) y autor de referencia en el estudio de la sociedad de la información, describió hace años una de las mayores paradojas de nuestro tiempo, la identidad como principio básico de vida y de movilización social en la era de la globalización. “Desde las trincheras de la identidad, que dan seguridad y calor humano se pueden encontrar nuevas formas de relación con este mundo insólito e impredecible. La gente construye lo que es y lo que siente a partir de su experiencia y de sus códigos culturales”, avanza el sociólogo manchego en 1997, cuando a buen seguro no había oído hablar todavía del “fenómeno Facebook”. Más de una década después, el concepto de identidad adquiere una nueva dimensión por medio de la expansión global de la red de redes.
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A pesar de la magnitud inabarcable de internet el objetivo que busca la mayoría de los jóvenes no es establecer contacto con extraños sino ampliar y reforzar sus relaciones y amistades que ya mantienen en la vida real. Las plataformas locales como Skyrock (Francia), StudiVZ (Alemania), Hyves (Holanda) o Xianonei (China) ganan terreno en detrimento de las más extendidas porque permiten una interacción más cercana y homogénea favorecida por otros factores como la lengua y los propios contenidos a los que dan acceso. La reafirmación del yo es una vez más un resultado esperado por sus participantes que tratan de acercarse a su personalidad ideal.
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Pero el reverso de la moneda esconde un efecto contraproducente. La convergencia de la identidad real con su proyección digital en los ámbitos locales puede suponer un serio problema dada la escasa protección a la que está sujeta la información personal que introducen los internautas. Un peligro que muchos no tienen en cuenta y que podría volverse en su contra si es esa información es usada en los procesos de selección laboral o incluso como fraude identitario. Las agencias de protección de datos han puesto el grito en el cielo contra los responsables de estos “círculos de socialización” para que informen a sus usuarios de los peligros que corren y para que cuenten con su consentimiento expreso. Mientras tanto, según los informes de los investigadores de la UCLA, un elevado procentaje de los padres no saben a que activiades se dedican sus hijos cuando utilizan estas revolucionarias herramientas de interconexión.
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Horas y horas delante de un ordenador con la intención de construir la imagen personal que mejor se refleje en el perfil social que verán los demás. Así es la rutina diaria de millones de personas en todo el mundo. Internet es hoy la misma respuesta complaciente que los hermanos Grimm daban a la madrasta de Blancanieves a través del espejo mágico para satisfacer sus ideales narcisistas. En el reino de las redes sociales todos quieren ser los más bellos aunque solo sea a través de su álter ego virtual. Ahora más que nunca, gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación, los cuentos de hadas se hacen realidad.

23 noviembre 2008

Los mundos infinitos de Paul Auster


La última obra de Paul Auster, Un hombre en la oscuridad (Man in the dark), propone entre las múltiples historias que se entrelazan en su trama la vieja y apasionante teoría de los mundos paralelos o infinitos como hubiera afirmado Giordano Bruno en sus teorías heliocéntricas en las que refutaba la idea de la infinitud del universo antes de ser acusado de blasfemia y herejía para finalmente ser ajusticiado en la hoguera allá por el año 1600 en el Campo dei Fiori de Roma.

El filósofo italiano, citado en la obra de Auster, defiende en sus escritos la existencia de múltiples sistemas solares similares al nuestro que existían paralelamente como subconjuntos de un todo supremo que en aquella época (siglo XVI) insisitían en llamarle Dios. Más de cuatrocientos años después de aquellos debates teológicos sobre la inmensidad, el Príncipe de Asturias de las Letras en 2006 habla, en su último libro, de las "inmorales" teorías de Bruno y de paso de una reveladora versión de la política norteamericana de los últimos tiempos.

El hilo principal de la historia transcurre en Vermont (Nueva Inglaterra) en donde Auguste Brill, un escritor retirado, se recupera en la casa de su hija de un accidente de coche. En las largas noches en las que nunca consigue conciliar el sueño comienza a inventar una historia en su cabeza que lo abstrae de sus dolores y del recuerdo de su esposa fallecida. Comienza aquí una segunda historia, un mundo paralelo, en la que un nuevo protagonista llamado Owen Brick vive en unos Estados Unidos inmersos en una sangrienta guerra civil en la que los ciudadanos se enfretan entre si en dos bandos claramente diferenciados. Eso sí, en esta nueva América, la guerra de Irak nunca ha acontecido y las las torres gemelas siguen en pie en el centro neurálgico de Nueva York.

Pronto ambas tramas se entrelazarán con otras pequeñas narraciones de los personajes en las que se cuentan pasajes anteriores de sus vidas. En el trasfondo, una crítica velada, Estados Unidos se autodestruye a si mismo en una lucha contra ellos mismos. Así se despliegan dos novelas simultaneas, dos mundos diferentes en los que también habrá espacio para el amor, la traición y sobre todo para la fantasmagórica visión de un mundo sincrónico en el que las cosas que se daban por sentado han tomado caminos y provocado consecuencias distintas.

Las profecías de Giordano Bruno se cumplen en las poco más de doscientas páginas que la editorial Anagrama puso en las librerías españolas a principios de septiembre. Uno puede aventurar, tras la lectura, que existen tantos universos como hombres conviven y se destruyen en la faz de la Tierra y de tantos otros planetas desconocidos en los que quizás un individuo sin nombre ni rostro haya imaginado alguna vez un mundo curiosamente muy similar al que conocemos.

Así comienza el relato de Auster: Estoy solo en la oscuridad, dándole vueltas al mundo en la cabeza mientras paso otra noche de insomnio, otra noche en blanco en la gran desolación americana.

PD: Para saber más sobre Paul Auster y su obra existe un blog de referencia en ¡Esto es Brooklyn!

19 noviembre 2008

Después de todo...se hizo la luz

Algunos acontecimientos cambian el mundo de manera irreversible. El 11 de septiembre de 2001 fue uno de esos días oscuros en los que el despertador no tenía que haber sonado. El terrorismo atentaba gravemente contra New York, contra el imperialismo estadounidense y contra el corazón de cada persona. Después de aquello...el futuro que nos espera ya nunca será el mismo.

A raíz de la caida de las Torres Gemelas se promovieron numerosas iniciativas en recuerdo a las víctimas del World Trade Center. Una de ellas fue el rodaje de una película colectiva compuesta por 11 cortometrajes dirigidos por 11 directores diferentes y de una amplia diversidad cultural. La cinta fue divulgada con el título alusivo de 11´09´´01 Once de Septiembre. Fue un mensaje de paz, una mirada tranquilizadora a un mundo desvocado.

Sean Penn fue el director de uno de aquellos cortos con el que quiso, en poco más de 11 minutos, transmitir un sentimiento de dolor por la perdida y de esperanza para el resto del camino. Un relato magnífico encarnado por Ernest Borgnine, uno de esos secundarios de lujo del Hollywood de antaño, que dice que incluso desde la repulsividad hacia los crímenes más atroces también queda lugar para la poesía y para la memoria.

El mundo se derrumbó en aquel 11 de septiembre. Desde entonces tenemos la firme obligación de construir desde el centro de la gran ciudad una nueva aldea global sin sombras que marchiten el viejo y trasnochado ideal de vivir en paz algún día. Entonces...se hará la luz.

26 octubre 2008

Al fin el tiempo se deja atrapar

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Las tornas han cambiado. Esta noche el tiempo se detendrá durante una hora. Por fin los soñadores tendrán (o tendremos si se tercia) para sí sesenta minutos de libertad comprimida en los que poder romper los barrotes de la realidad y volar libremente por las nubes de papel maché que se dibujan en sus ensoñaciones de almohada. En un descuido en cadena de todos los relojes del universo los números se han vuelto locos provocando un error en la irremediable y constante suma de segundos. Por una vez, la cuenta no sale, una más en tiempos de crisis, y el continuum espacio-tiempo pierde la partida en favor de los pobres de espiritu. No siempre gana la banca y menos, recalco, en época de vacas flacas.

De modo que esta madrugada cuando sean las tres volverán a ser las dos. Una hora de la que no hay que rendir cuentas ante el tribunal del tiempo perdido y en la que se pueden hacer cosas increibles, siempre y cuando, uno sepa aprovecharla como es debido.

- ¿Qué haría usted en una hora?, dice una bronca, profunda y llena de matices voz en off que parece venir del cielo (la de Constantino Romero sería un gran ejemplo)

- Yo...eh...mmm, no se. Quizás dormir un poco más por la mañana, responde titubeante un hilo de voz suave que se escucha a lo lejos en la medianía.

Craso error, amigo lector. ¿Cuantas batallas se habrán perdido en la antigüedad por culpa de las emboscadas de las sabanas traicioneras?

- Aprovecha esa hora de más para calentar el alma y trata de buscar respuestas sencillas para preguntas sencillas - ¿Cuantas cosas caben en una hora? -, replica la voz profunda que emergía de las nubes de papel de colores que decoran el techo de nuestras habitaciones.

No soy muy dado a hacer caso de voces que aparecen de la nada pero esta noche haré una excepción y cuando sean las dos habrá una luz prendida en mi mesilla y una cuenta a punto de empezar.

Buenas noches!

PD: Que mide el tiempo sino movimiento...esta noche nos regala una hora de ventaja en la que el despertador corre a nuestro favor.
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